Han coincidido en el tiempo dos análisis económicos de envergadura: la presentación del Informe de Estabilidad Financiera del Fondo Monetario Internacional (FMI) y la comparecencia del gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez (MAFO), en la Comisión de Presupuestos del Congreso. Son dos reflexiones distintas, como corresponde a instituciones diferentes, pero es significativo comparar el orden de las prioridades de cada una: mientras el FMI destaca la lenta recuperación de la economía mundial (y de la española) y le inquieta la confluencia de la contracción del crédito, la desaceleración y la persistencia de las dificultades bancarias, a MAFO le sobresalta, sobre todo, el nivel del déficit de nuestro país. La organización multilateral subraya la deuda y las pérdidas de la banca mundial, mientras que el representante del Banco de España incide en los desequilibrios de las cuentas públicas.
El gobernador del Banco de España incide mucho más en el déficit que en la situación de la banca, el crecimiento o el paro
La intervención de MAFO resultó antipática por desequilibrada. Considerar que sólo los objetivos de déficit "son sagrados" y dedicar a la consolidación fiscal la mayor parte de sus palabras sin un desarrollo similar de otros asuntos como el crecimiento anémico, el paro (más allá de las alabanzas a la reforma laboral aprobada), o la situación del crédito y del sistema financiero da bazas a quienes le califican de fundamentalista y a quienes afirman que sólo habla de aquello de lo que no es responsable.
MAFO es libre de dar su opinión y no creo que le preocupe resultar antipático, ni las críticas a diestro y siniestro. También lo ha sido con el Gobierno cuando, poniéndose del lado de los servicios de estudios, duda de que los ingresos públicos incorporados en los Presupuestos puedan obtenerse con el nivel de crecimiento real de la economía española en 2011 (0,6%, según el consenso de los economistas, frente al 1,3% del Ejecutivo). Según la mayor parte de los analistas de los Presupuestos del Estado, los compromisos de gasto de los mismos resultan asumibles, no así los ingresos, dado que habrá un incremento del PIB menor que el presupuestado.
Un tercer nivel de incomodidad con los comentarios sobre los niveles de gasto y de déficit de las comunidades autónomas y locales. El gobernador entiende que el desequilibrio público de estas últimas no ofrece los mismos niveles de transparencia que la Administración central, y que del mismo modo que los Gobiernos europeos han aceptado una pérdida de soberanía al tener que someter sus Presupuestos al control de Bruselas antes de ser aprobados, las autonomías también deberían ceder parte de "su soberanía" en este terreno.
Las palabras de MAFO coincidían en las dudas sobre los ingresos y sobre el desequilibrio de las CC AA con la nota que una semana antes había hecho pública la agencia Moody's para justificar la rebaja en la calificación de la deuda.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de octubre de 2010