Solo atendiendo al pasado comprenderemos dónde estamos hoy. El armario masculino, aparentemente tan poco proclive a las revoluciones, lleva tres décadas debatiéndose entre aceptar el traje como un aliado cotidiano o restringirlo a la categoría de uniforme forzado. Los esfuerzos de Armani en los ochenta se vieron pulverizados por la era grunge, y no fue hasta la reivindicación de una nueva silueta masculina por parte de Hedi Slimane al frente de Dior Homme, hace una década, que empezamos a vislumbrar el punto conciliatorio. Hoy el traje es el aliado necesario.
La persistente recesión económica ha dibujado un nuevo tablero de juego en el mercado textil. También en la planta de caballeros. La actual marca psicológica en el comprador medio se sitúa en los 500 euros (mejor aún si la etiqueta dice 495). Saltaba la alarma este verano en la prestigiosa publicación especializada Women's Wear Daily, que señalaba cómo se apuntaban en EE UU a ese "precio mágico" (allí establecido en 500 dólares) firmas del sector alto como DKNY o Lauren by Ralph Lauren. "Junto con la económica, vivimos una crisis de confianza", explica Ignacio Vidal, responsable de marketing de El Corte Inglés. "Hay un desánimo general. Incluso la gente que tiene dinero para gastarlo no lo hace. Hay un freno mental".
"Vivimos una crisis de confianza. Incluso la gente que tiene dinero no lo gasta. Se impone un freno mental"
"El traje sigue conservando un mensaje de poder y da seguridad en las situaciones laborales más difíciles"
Vidal compara la situación con la Argentina del corralito: "En aquel momento, todas las supermarcas potenciaron allí productos de segundas líneas para que la clase media pudiera seguir llevando su caballito, su banderita o su escudito. Si mantenían la estrategia internacional, se quedaban fuera de mercado". Cierto es que este ajuste de precios responde a una necesidad global más que a una situación local; pero se produce por lo bajini, sin grandes carteles señalando la ganga. Ni a las firmas de lujo ni a las grandes superficies les gusta reconocer abiertamente el recorte de tarifas. "Meterse en guerra de precios es un error", desestima Vidal. "Desde El Corte Inglés lo vemos un poco como árbitros del partido, porque distribuimos marcas propias y las de nuestros socios. El mundo de la moda de hombre es menos salvaje que el de mujer o el juvenil, por eso no aconsejamos entrar en esa lucha. Sacar segundas líneas con precios más ajustados, sí, pero no liarse a hacer rebajas adelantadas ni ventas privadas antes de tiempo, porque ahí todos pierden". Sabe de lo que habla. Los trajes de su línea más reciente, Dustin, han bajado de 199 a 159 euros.
Aun así, existe una contienda. Y hay dos bandos bien diferenciados. Del otro lado está el imparable ascenso de las grandes cadenas de precios asequibles. Inditex arrojaba unos datos esclarecedores hace un par de semanas: solo en el primer semestre de este año ha ingresado 628 millones de euros netos, un 67,6% más que el año anterior en ese mismo periodo. H&M, Massimo Dutti, TopShop; todas esgrimen las mismas consignas: la mejor calidad posible al precio más accesible. En H&M, por ejemplo, un traje completo vale 179 euros, y por piezas sale a partir de 59,95 la americana y 29,95 el pantalón. Pero todas aspiran a conquistar el sector más codiciado ahora mismo: la gama media. La firma sueca ha asestado su primer golpe abriendo en Barcelona la primera sucursal española de COS, su línea premium, con trajes que cuestan menos de 300 euros. Este otoño le seguirá otro establecimiento en Valencia.
En Cortefiel y Pedro del Hierro llevan librando esa batalla desde hace muchos años. Su oferta oscila entre los 200 y los 600 euros. Fernando Sáenz e Ignacio Sierra, directivos de la compañía, son conscientes de que "hay que ser más competitivo con un precio razonable y dando más. Pasa un poco lo mismo que en el mercado del automóvil: por menos precio, ahora obtenemos muchísimo más que hace diez años". En su caso, han optado por una "desdramatización del traje. En estos tiempos más grises, pretendemos otorgarle un aspecto más lúdico, menos formal, triste y riguroso". Al valor añadido de su sastrería a medida suman el pago a plazos, sin intereses, a partir de 180 euros.
En paralelo al empuje del fenómeno conocido como fast fashion (o moda de consumo inmediato), aumenta la necesidad de reconocer el valor de lo duradero. Un buen paño o una inversión de 50 euros más pueden resultar definitivos. Según señala el equipo de analistas de tendencias masculinas de WGSN, "la situación económica mundial nos ha obligado a replantearnos en qué gastamos el dinero. Que las pasarelas masculinas propongan de manera casi unánime el traje gris se traduce de una manera literal en la calle. Es el necesario retorno a unas maneras clásicas en el vestir, a una actitud que prefiere lo intemporal a lo desechable".
En última instancia, queda una última barrera psicológica por afrontar, la de la buena presencia. Y aquí parece todo el mundo estar de acuerdo. "El traje sigue conservando un mensaje de poder y da seguridad en las situaciones laborales más difíciles", subraya Ignacio Vidal. Pero sin pasarse. Como resumen los analistas de WGSN: "Por fortuna, ya se ha pasado la obsesión por la formalidad".
Todos los gustos
El fin de la formalidad
Hay que rendirse al tópico; el hábito no hace al monje. El traje no basta, hay que saber estilizarlo. Lo que se traduce en que el día a día admite salirse del concepto "uniforme laboral". Lejos quedan los tiempos facilones de americana con vaqueros. Una camisa denim, un cuello cisne o un pañuelo al cuello en sustitución de la corbata son garantías de éxito. Otros detalles, como el pañuelo de mano asomando del bolsillo de la chaqueta o los calcetines fantasía, son voluntarios.
Y los zapatos clásicos de cordones, obligatorios.
El poso de Savile Row
Un clásico en peligro
En Savile Row se ha definido el estilo masculino de varias generaciones. "De George Brummell a David Bowie", cuenta Josie Fernández-Pacheco, presentador de El armario de Josie. La reivindicación actual de esta emblemática calle londinense pasa por desvirtuar su esencia. En 2006, la marca de ropa informal Abercrombie & Fitch se estableció aquí, abriendo camino al diseño emergente y a la sastrería prêt-à-porter y hecha por encargo. "No confundir esos trajes precocinados con su hecho a medida tradicional", subraya Josie, que recuerda que aún queda un lujo accesible: "Los trajes de segunda mano. En una tienda vintage puedes hacerte con un Gieves & Hawkes por 300 euros y que te lo arregle tu modista por 100. Eso, más un ida y vuelta en low cost, no supera los 500 euros".
No solo 'mad men'
Se impone otra estética
El hombre de hoy está mejor informado que nunca. O debería. Según los analistas de WGSN, "la educación del estilo corre por cuenta propia. La sastrería se ha convertido en una de las máximas bazas del estilo masculino en blogs y webs que cuelgan fotos de gente anónima posando en la calle". Después de los futbolistas, los rockeros y los raperos trajeados, la ficción cinematográfica y televisiva completan nuestras referencias inmediatas. Y no hablamos de posados en la alfombra roja, sino de cintas como Origen, de Christopher Nolan, o Wall Street 2. Don Draper, el creativo publicitario interpretado por Jon Hamm, se ha convertido en una imagen omnipresente de estilo cuya sombra se extiende hasta las propuestas de la pasarela masculina para esta temporada. Pero hay que saber mirar más allá. Y, a ser posible, adelantarse. Boardwalk empire, la nueva teleserie de Martin Scorsese para HBO, promete surtirnos de nuevas consignas gansteriles extrapoladas de los años de la ley seca.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de octubre de 2010