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Editorial:

Vorágine irlandesa

El fracaso del plan bancario de Dublín arrastra a Grecia, Portugal y, en menor medida, a España

Si hubiera que explicar la tormenta financiera que ayer llevó la prima de riesgo de Irlanda, Portugal, Grecia y España a los peores momentos de la crisis de mayo habría que señalar como causa principal la desconfianza de los inversores en la capacidad de Irlanda para resolver su crisis bancaria y las dudas permanentes de los mercados sobre la implicación de Alemania en los rescates europeos. Irlanda, responsable de la convulsión de los diferenciales de deuda ayer, tiene un sistema bancario próximo a la quiebra y el costoso plan de recapitalización diseñado por el Gobierno suscita recelos en su propio banco central y en Europa. Lo más probable es que la quiebra bancaria lleve al país a un default si no acude presto al Fondo de Rescate Europeo, constituido con 750.000 millones, con peticiones claras y suficientes.

Los mercados miran a Alemania cuando se refieren al Fondo de Rescate. Cuando estalla una crisis, como la irlandesa, los inversores especulan sobre las condiciones que pondrán Angela Merkel, Schäuble y el Bundesbank a la reparación de los daños nacionales. Las especulaciones indicaban en el caso irlandés que Alemania podría poner condiciones tales como una quita sustancial de la deuda. La tranquilidad solo llegará a los mercados cuando las autoridades alemanas tengan a bien declarar que no exigirán condiciones onerosas para el rescate de Irlanda.

El problema político es casi tan grave como el financiero. Por lo que se ve, no basta con instituir un mecanismo de rescate para Europa; tampoco basta con que los Gobiernos de la periferia europea se hayan comprometido a dolorosos programas de ajuste. Al parecer, es necesario y urgente perfilar los menores detalles del protocolo de rescate para evitar que se produzca una situación semicatastrófica en países desconectados causalmente de Irlanda. Grecia y Portugal siempre acaban contra la pared; ayer, sus diferenciales de deuda se aproximaron a los 1.000 puntos básicos y a los 500 puntos básicos, respectivamente.

La economía española recibe menos castigo que Grecia y Portugal; su plan de ajuste está en orden y su sistema bancario, aunque tiene una recapitalización pendiente, es más sólido que la media europea. Pero está en la franja de vulnerabilidad a las tormentas financieras y, por tanto, no puede permitirse errores como no culminar rápidamente la reforma financiera, retroceder en el ajuste fiscal o vacilar en el resto de tareas pendientes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de noviembre de 2010