Viscontiano es, en la era del cine de ingestión rápida y pantallas digitales, un sinónimo muchas veces de manierista o, simplemente, viejuno. Por ello, el ciclo hasta el día 22 en el Cine Estudio del Círculo de Bellas Artes se antoja como una oportunidad única para descubrir la obra de uno de los más importantes realizadores italianos. Un marxista abiertamente homosexual que se formó como asistente de Jean Renoir, trabajó junto a grandes como Fellini y fue amigo de Coco Chanel. Y responsable de una de las obras más importantes del neorrealismo, Rocco y sus hermanos (1960), donde retrata con inusitada dureza a una familia de inmigrantes y, de paso, un país fragmentado por lo económico.
Pero Visconti fue mucho más allá. Ya en 1954 dio la primera advertencia de que el corsé neorrealista se le quedaba corto con Senso. Una obra maestra. Con El gatopardo (1963) Visconti se llevó la Palma de Oro en Cannes. Asimismo inquietante fue La caída de los dioses (1969). Y de corte europeo también se podría calificar, en su acepción oxidada y decadente, la que muchos de sus admiradores consideran su obra magna: Muerte en Venecia (1971). La adaptación del libro homónimo de Thomas Mann que hacía del actor Dirk Bogarde la personificación de la melancolía al son de la 5ª Sinfonía de Mahler. Un resumen de una fascinante, compleja y casi siempre incómoda obra.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 12 de diciembre de 2010