En pleno proceso de ajuste de las economías de la zona euro y con la debilidad en la recuperación de las principales economías avanzadas como telón de fondo, los últimos datos de actividad correspondientes al cuarto trimestre de 2010 han servido para confirmar el buen estado de forma de las economías emergentes. En particular, de las asiáticas, donde el empuje de la demanda doméstica está empezando a cobrar cierta relevancia.
Una de las implicaciones del mayor dinamismo de la demanda interna es la aparición de presiones inflacionistas que, aunque sin ser preocupante, está propiciando que los bancos centrales endurezcan de forma progresiva las condiciones monetarias. Es el caso de los bancos centrales de India, de Corea del Sur, de Tailandia y, sobre todo, de China, donde las medidas introducidas para contener la escalada de los precios se han multiplicado (elevación del coeficiente de reservas a bancos comerciales, flexibilización del régimen de cotización del yuan frente al dólar, y subidas en el tipo de interés de los depósitos y de los préstamos).
En el caso particular de China, el nuevo máximo anual de su balanza comercial en noviembre (3,7% del PIB) se ha dado en un contexto de sólido crecimiento de las importaciones (en torno al 40% interanual), lo que refleja el dinamismo de los flujos de comercio internacional, y reabre las especulaciones acerca de una nueva vuelta de tuerca en las medidas de restricción monetaria por parte de las autoridades. Teniendo en cuenta que el objetivo de China debe ser el de avanzar hacia una estructura económica menos dependiente del sector exterior, donde la demanda interna juegue un papel más destacado, creemos probable que el banco central decida dejar apreciar con mayor intensidad el yuan -desde que anunció la flexibilización del yuan en junio, la divisa se ha apreciado apenas un 2,5% frente al dólar-, lo que contendría la presión internacional y contribuiría a la reducción de los desequilibrios globales.
Con la excepción china, donde el tipo de cambio permanece estrictamente vigilado por la autoridad monetaria, las divergencias en las direcciones que han adoptado las políticas monetarias de las economías asiáticas frente a las avanzadas, están llevando a las divisas de las primeras a apreciarse con intensidad. En especial contra el dólar, a lo que ha contribuido también la decisión de la Reserva Federal de ampliar su balance mediante la compra de deuda pública. Por el momento, la situación ha derivado en decisiones de intervención en los mercados de divisas o en la adopción de controles a la entrada de capitales. Corea del Sur, Indonesia, Tailandia, Taiwan han actuado en este sentido y no cabe descartar que otros países puedan entrar en esa dinámica durante los próximos meses.
Si a la asincronía cíclica que exhiben el núcleo de grandes economías emergentes frente a las desarrolladas se suman las discrepancias en los perfiles de las políticas económicas a adoptar en estas últimas, la necesidad de un mínimo grado de concertación internacional, que apenas se visualiza, parece evidente.
Álvaro Lissón y Daniel Manzano son profesores de la Escuela de Finanzas Aplicadas (Afi).
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 12 de diciembre de 2010