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Tribuna:Laboratorio de ideas

La Bolsa y la vida

La muerte súbita de Néstor Kirchner, el ex presidente de Argentina, es un evento político que no ha dejado indiferente a los mercados. En apenas un día, el índice bursátil MSCI Argentina aumentaba un 13% y algunas cotizaciones como la del Banco Galicia, por ejemplo, incluso registraban en Nueva York alzas galácticas del 26%. El fallecimiento de un ex presidente propulsaba así las Bolsas hacia cimas pocas veces alcanzadas, mostrando una vez más cuánto registran los mercados la sísmica política.

La llegada de Kirchner a la presidencia en 2003 había sido el resultado de la crisis financiera y política de principios de la década. En 2000-2001, nada menos que cinco presidentes se habían sucedido culminando la crisis con el mayor default (cesación de pagos) de la historia de los mercados emergentes. Los tenedores de bonos, así como los gestores de renta, se vieron afectados por el default sobre más de 100.000 millones de dólares. Posteriormente, Kirchner llevaría a cabo medidas poco ortodoxas negociando una reestructuración de la deuda de las más punitivas y drásticas de la historia reciente. La euforia de los mercados financieros en octubre de 2010, a un año de las elecciones presidenciales, se explica así porque muchos se han puesto a anticipar el final de una era y la (supuesta) salida de una pareja poco amena con los mercados. En los informes de los bancos de inversiones, sean los de Nueva York o de Londres, se abrió así la esperanza de la llegada de un candidato más pro mercado como lo escribieron entonces JP Morgan o HSBC. El entusiasmo de los mercados no perduró mucho, al percatarse de que la dinámica política argentina bien podría reservar sorpresas y que aún quedaba un año por delante para celebrarse las próximas elecciones presidenciales.

Por primera vez, los factores políticos estan poniendo prima al riesgo de invertir en Europa, en países OCDE

Este episodio invita, sin embargo, a una reflexión sobre las relaciones entre mercados financieros y eventos políticos. En las últimas décadas, casi todas las grandes crisis financieras en los países emergentes, y en particular en América Latina, estuvieron ligadas a eventos políticos, incluso los más recurrentes posibles como pueden ser unas elecciones presidenciales. México fue durante años el arquetipo de país emergente cuyas elecciones iban ligadas a colapsos bancarios y financieros. Todos los sexenios estaban puntuados por crisis mayúsculas, como las de 1980 o 1994, que abrieron, respectivamente, la crisis de la deuda latinoamericana y el famoso tequilazo que llevaría a EE UU y al FMI a poner en marcha lo que sería hasta entonces el mayor rescate jamás organizado (luego, como sabemos, llegarían operaciones de mayor calado).

Para los traders o (operadores financieros) los gestores de fondos, las elecciones en los mercados emergentes se convirtieron así en eventos de máximos riesgos, puntuados por depreciaciones cambiaras, brotes de primas de riesgo y alzas repentinas de tipos de interés. Claro que los mercados se engañaron más de una vez, como muestran las reacciones en 2002 ante la posible llegada de Lula al poder: este lo había intentado en cuatro ocasiones y en esta se asomó como posible vencedor, disparando todas las alarmas. Unos meses antes de la elección, el real inició una espiral vertiginosa, depreciándose conforme salían informes de mercados alarmistas, llevando las primas de riesgo a cimas que aseguraban el default mientras las gestoras se desprendían de valores bursátiles y bonos brasileños a toda velocidad. La historia posterior mostraría cuánto las anticipaciones habían sido equivocadas, llevando la Bolsa brasileña a máximos durante los años que Lula estuvo en el poder.

De hecho, en los años 2000-2010 han ocurrido dos movimientos llamativos. Por un lado, los mercados emergentes latino-americanos experimentaron un desacoplamiento de los ciclos políticos y los financieros. En 2000, México experimenta una alternancia política con la llegada al poder después de 70 años de monopolio del PRI, y ello sin que los mercados financieros se alterasen. Esta sería una de las razones por las cuales las agencias de rating (de calificación) darían entonces el famoso grado de inversión a México. Poco después, en 2006, al mismo tiempo que América Latina experimentaría uno de sus más densos ciclos políticos con una docena de elecciones presidenciales, los mercados tampoco se alteraron. En 2010, en medio de la crisis global desencadenada por los países OCDE, las elecciones presidenciales en Chile, Colombia o Brasil ni siquiera han sido motivo de preocupación para los mercados financieros. En el caso de Brasil, al contrario, el tipo de cambio siguió apreciándose con fuerza antes y durante las elecciones, forzando las autoridades a buscar inhibir el entusiasmo inversor con alzas de las tasas sobre los movimientos de capitales.

Dicho de otro modo, si bien los eventos políticos siguen siendo importantes para los actores que operan en mercados emergentes, se ha producido un cambio profundo: en muchos de esos mercados, los eventos electorales ya no son sistemáticamente razones para alimentar el pánico. La vida política sigue importando para la Bolsa, pero no todos los eventos de la primera repercuten dramáticamente en la segunda.

Al tiempo que aflora esta tendencia asoma otra: en los países OCDE la política está importando cada vez más a los mercados. Hace un año, en octubre de 2009, llegó al poder el PASOK en Grecia y a los pocos días se desencadenó una crisis financiera de magnitud similar a la vivida años atrás en un emergente; más hacia el Norte, en Islandia, los eventos políticos y el referéndum popular se llevaron por delante también el nerviosismo de los mercados, mientras en Hungría la llegada al poder de un nuevo Gobierno junto con algunas declaraciones torpes de sus dirigentes provocaron un síncope financiero. En la primera parte de 2010, los mercados financieros no se han creído la capacidad política de los Gobiernos, en particular de la periferia europea, de ejecutar recortes drásticos, llevando a la UE al borde del colapso. A finales de 2010, la crisis irlandesa recobró intensidad, provocando un paquete de rescate la misma semana que se celebraban elecciones.

Estos dos movimientos apuntan hacia un nuevo mundo que asoma. Por primera vez en la historia reciente de los mercados financieros, le estamos poniendo una prima al riesgo al hecho de invertir en Europa, en países OCDE, y esta prima se alimenta, en parte, por factores políticos, algo que hasta hace poco era una exclusividad de los mercados emergentes. La vida de la Bolsa nos reservará, sin duda, más sorpresas en la década que se acaba de abrir.

Javier Santiso es profesor de Economía en ESADE Business School y director de ESADE Centre for Global Economy and Geopolitics (ESADSEgeo).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 12 de diciembre de 2010