Si el cambio de mando hace poco más de una semana en Merck fue algo predecible, a la vista de la progresión profesional del nuevo consejero delegado en la compañía; no ha sido el caso de Pfizer, su gran rival. Jeffrey Kindler llevaba solo cuatro años al frente de la farmacéutica, la mayor del mundo. El mando pasa ahora a Ian Read, la persona responsable hasta el momento de las operaciones globales.
El reto es similar para ambas compañías: innovar y competir en un mercado en el que los genéricos se abren camino conforme expiran patentes como las del popular Lipitor, por el que los mayores laboratorios del mundo ingresan del orden de 8.000 millones de euros. En el caso de Pfizer, es evidente desde hace tiempo que los inversores institucionales no están contentos con el valor de sus acciones, los fracasos en los productos en fase de experimentación y la estrategia en general para mejorar su balance.
El escocés releva a un ejecutivo que solo ha durado cuatro años
Read, de 57 años, conoce como pocos la casa. Lleva toda su carrera dedicada a Pfizer, lo que le convierte en una apuesta de bajo riesgo. Formado como ingeniero químico por la Universidad de Londres, comenzó a trabajar para Pfizer en 1978 como auditor. El mismo año en que se tituló como auditor contable en el Instituto de Auditores Contables de Inglaterra y Gales.
Desde hace cuatro años es el responsable del negocio global, del que procede el 85% de los ingresos de la compañía del Viagra.
El ascenso de este ejecutivo de origen escocés arrancó con puestos de dirección en México y Brasil, Europa y Canadá, aunque su perfil se consolidó cuando en 2001 fue designado jefe de operaciones para Latinoamérica, África y Oriente Próximo. El momento, dicen algunas fuentes, es el adecuado para el cambio, porque el nuevo equipo de gestión del grupo norteamericano está plenamente asentado, tras la adquisición el año pasado de Wyeth.
Además del cargo de consejero delegado, Ian Read será presidente de una compañía en plena metamorfosis, más diversificada y ágil.
Nadie discute que entiende y conoce las tensiones que mueven el mercado global. Eso puede permitir al gigante farmacéutico adaptarse con más rapidez a la nueva realidad y preferencias del consumidor.
Lo que no está muy claro para analistas e inversores de Wall Street es si la elección de Read es más bien temporal, para ganar tiempo. Es, en todo caso, un rayo de luz para los inversores de Pfizer. Pero también un periodo de prueba durante el que el flamante gestor deberá demostrar que está a la altura del reto, que también afrontan otros gigantes farmacéuticos y que les está forzando a reestructurarse.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 12 de diciembre de 2010