Eastpak, Invicta, The North Face, JanSport, Patagonia: marcas clásicas que se atrincheran en la memoria de cualquier mochilero que se precie y que marcaron una época de gloria para esta bolsa cuando la comodidad y la resistencia eran lo más importante. Si hace unos años se impuso la bandolera (en diversas texturas y tamaños) y hasta hubo una intentona de generalizar eso tan neoyorquino de la bolsa de mensajero, ahora es el momento de la doctor bag, ese complemento con vocación duradera que empujan las grandes marcas de lujo, con especial atención a Gucci o Louis Vuitton. Sin embargo, la mochila sigue ahí, dando guerra, y sin haber dejado su territorio habitual (estudiantes, aventureros, currantes y —en general— amantes de la comodidad diaria), ha empezado a mutar para buscar cotas más altas y clientes con un alto nivel de exigencia dispuestos a rascarse el bolsillo.
El movimiento, como siempre, ha empezado en Japón: Visvim (de la mano del hiperactivo Hiroshi Nakamura), Hobo (la marca de moda), la línea Purple de The North Face (solo disponible en Japón) o Head Porter (del gurú del streetwear japonés Hiroshi Fujiwara) explotan ahora una mochila de diseño impecable y patrones limpios que mezclan innovación técnica con materiales como el trylon o el Gore-Tex laminado y colores que van desde el negro más ceremonioso hasta el camuflaje clásico. El resultado, una mochila que linda con el lujo, tanto en precio como en prestaciones.
En Europa recogen el testigo tiendas como la francesa Colette o la alemana Firmament: los primeros agotaron en menos de una hora la buscadísima colaboración entre Head Porter y Quiksilver (un delicioso mix entre montañismo y surf en edición ultralimitada); los segundos siguen vendiendo como churros mochilas cuyos precios oscilan entre los 500 y los 1.000 euros, que se dice pronto, y acaban de abrir su nuevo establecimiento en Berlín. Eastpak sigue invitando a distintos artistas a colabo-
rar. Y en Japón, cuna del asunto, The backpack book, un libro catálogo que repasa la historia de la mochila, se ha convertido en un autén-tico best seller. Lo dicho: algunas cosas nunca mueren.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 7 de enero de 2011