L'Abdet es una pedanía de Confrides de 53 vecinos (tres agricultores en activo y el resto jubilados) en lo alto de La Vall de Guadalest de la comarca de La Marina Baixa alicantina. El año pasado cerraron el colegio porque solo quedaban dos niños, que tenían bajo su tutela tres maestros. Aunque parece que hay poco que hacer allí en el tiempo libre, sus calles encierran un tesoro del joc de pilota: un trinquete construido en 1772 y restaurado en 2006 para jugar a la modalidad de pilota grossa, especialidad que tiene reglas propias y particularidades únicas.
Para empezar, la pelota pesa más de 100 gramos y tiene unos 10 centímetros de diámetro para cubrir por completo la palma, está hecha a mano rellena de retales y forrada con piel de cabra. No hay dos iguales. La cuerda que separa la cancha de 18 metros de larga y 2,5 de ancha es curva y su parte más baja debe situarse a mitjà de braga, es decir, a la altura de los genitales de quienes disputen la partida. En el saque la pelota debe tocar la sella y caer sobre una piedra llamada marro para jugarla tras el primer bote. Dado su tamaño, se puede devolver con las dos manos juntas y el sistema de puntuación de los juegos es idéntico al de la escala i corda, aunque las partidas son al mejor de tres cotos de cinco juegos cada uno.
El trinquete se construyó en 1772 y se reformó en 2006
En los 50 había 30 jugadores por los 10 jóvenes de la actualidad
Esta modalidad es autóctona de estos íntimos lares de la montaña alicantina. Había trinquetes en Murla, Benimantell, Guadalest o Benimassot, pero el único que está incólume es el de L'Abdet. Todo porque Ernesto Santacreu, el alcalde pedáneo, conoció el verano de 2003 al entonces diputado Francisco Saval, ambos se empeñaron y en 2006 la Diputación había invertido unos 140.000 euros para la restauración del trinquete, que incluso ha mantenido el hueco donde antes quienes jugaban escondían la petaca y la faixa.
En los años 50 del siglo pasado había 30 jugadores. Y las partidas se arreglaban entre semana "porque no había otra cosa que hacer", dice José Ivorra, un exjugador de 76 años. En la actualidad, Ahora solo juegan 10 jóvenes y Santacreu está pensando en hacer un torneo en las fiestas de agosto con jugadores de galotxeta de Monòver, "que es parecida a nuestro juego".
"Antes jugábamos descalzos sobre una superficie de arcilla y paja amasada", evoca con nostalgia el alcalde. El regidor también añora los tiempos en que la gestión del trinquete la subastaba el alguacil entre los vecinos. Como contrapartida a los 30 kilos del nogal de la plaza y de cobrar una cantidad por coto jugado, el Ayuntamiento recibía un dinero para las fiestas de la localidad. No había apuestas, pero, eso sí, pagaba por jugar quien perdía.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 4 de abril de 2011