Drenthe no es un tipo fácil de llevar, y que además encajó de la peor manera posible su cesión del Madrid al Hércules, algo así como bajar de la planta noble al sótano de la Liga. Le costó acostumbrarse a la oscuridad del trastero de un equipo que, sin embargo, le esperaba como agua de mayo. Miroslav Djukic, el entrenador que debutaba ayer en sustitución de Vigo, está libre del pasado y apostó por el holandés a sabiendas de que en tiempo de escasez (el Hércules es colista y cada vez queda menos que repartir) un buen maitre de cocina puede salvar el restaurante con los mismos productos. Drenthe no le falló, marcó dos goles de los suyos y seguramente le desesperó, porque durante muchos minutos jugó dos partidos a la vez: uno para él y otro consigo mismo. Los compañeros eran accesorios en el salón de té.
Su velocidad, sin embargo, mató a la Real Sociedad que da unas muestras de flaqueza preocupantes. Su nivel de creatividad se refugia en las catacumbas y sus artistas, Prieto, Zurutuza y Griezmann, están en huelga de ideas caídas. Su primer disparo a puerta fue en el minuto 73. Para entonces, el Hércules le había acorralado, le había quitado la pelota y la condición de favorito. En eso, más que Drenthe, tuvo que ver Kiko Femenía, un futbolista portentoso, que asistió a Portillo en el primer gol (el decisivo) convirtiendo la pierna en un sedal. Luego vinieron las travesuras de Drenthe hasta poner el 0-3 y romper la maldición herculana a domicilio (1.113 minutos llevaban sin marcar fuera de casa, desde el 24 de octubre). Al final marcó Ifrán para estrenar su casillero. Sin más.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 4 de abril de 2011