Fin de semana tan cargado de novedades que hará falta tiempo para digerirlas. Zapatero tenía la obligación de desactivar la única ventaja moral que Aznar guardaba sobre sus predecesores, la de apartarse tras dos mandatos. Las especulaciones y apuestas tenían un poco de absurdo. Incluso una de las mejores tertulias de nuestra tele, la del Canal 24 Horas, que modera con tino Vicente Vallés, se dedicó la noche anterior a darle vueltas a lo que Zapatero diría a la mañana siguiente, y más que expertos parecían pitonisos.
De entre todos los comentarios sobre la decisión de Zapatero, me pareció muy interesante el de Eduardo Madina. Según él, hay que entender que los mandatos largos, las décadas en el poder, los liderazgos eternos han pasado a la historia. Vivimos en tiempos veloces, los relojes van más deprisa. El reloj del cansancio, del desencanto, de la ilusión, corre a más velocidad. Al igual que nuestros electrodomésticos ya no son para toda la vida, tampoco nuestros líderes políticos soportan el vaivén de la actualidad por tanto tiempo como antes.
No parece que a Zapatero le hayan hecho variar su criterio ni las encuestas ni las presiones ni los consejos. Dio cuerda a su reloj para ocho años y ayer dejó que los demás oyeran la alarma. El tiempo entre anunciar que te vas y el irte de hecho, nos servirá para comprobar cómo funciona el mundo. En su frenada, verá cómo le rebasan en la carretera los demás, con su prisa por llegar al poder, al espejismo del poder, y seguramente se preguntará por qué corren tanto si un día tendrán que dejarlo.
Por otros oficios sabemos que cuando alguien anuncia su despedida se produce un repunte del cariño. A los toreros, los cantantes, los actores, los futbolistas que anuncian su última temporada, se les concede un cariño extra que reposa en la conciencia de que se están yendo. Pero la política se desempeña para un público no tan caritativo. Parecido al fútbol, cuando un entrenador anuncia que se irá a final de temporada, comienzan los corrillos, la fuga de intensidad, el sálvese quien pueda. Tu futuro ya no es el futuro de los demás. Desde el sábado, España y Zapatero fabrican su adiós.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 4 de abril de 2011