De publicar con apenas 17 años en las páginas de El Rrollo Enmascarado, fundada por lo más granado del incipiente cómic underground de los estertores del franquismo, como Nazario, Mariscal o los hermanos Farriol, a exponer en el Museu Valencià de la Il·lustració i la Modernitat (Muvim). De participar en la fundación de la mítica y asamblearia El víbora en 1979, que le enseñó a vivir de los lápices y la tinta, a ver portadas suyas en discos, libros y revistas de todo el mundo. "Esto me parece un descubrimiento arqueológico", explicaba ayer Francesc Capdevila, más conocido en el mundo de la creación como Max, al ver cartografiada su carrera de más de tres décadas en las paredes del Muvim. Y es que la exposición Max. Panóptica 1973-2011, que se inaugura hoy en el Muvim, retrotrae a Capdevila a su primera historieta publicada, bajo el título El sueño, en El Rrollo Enmascarado, una revista que llegó a ser secuestrada durante el franquismo. "Hasta entonces el cómic o era de aventuras o para niños, y nosotros queríamos reivindicar el cómic para adultos, sin tabúes, que lo mismo abordaba la política que el sexo; nos inspirábamos en el cómic underground americano", explica Max sobre una época convulsa de la que salieron los grandes talentos del género: "Nos lo creíamos, queríamos cambiar el mundo", dice entre risas.
"Queríamos reivindicar el cómic para adultos, sin tabúes", explica Max
La muestra recorre portadas de discos, libros, ilustraciones, cómic, revistas...
La exposición, que viajará después a México DF, Argentina y Brasil, ha sido comisariada por Marta Sierra, que destaca de Max "que no ha habido rupturas en su obra, y sí progreso, continuidad, investigación". Y la disposición cronológica a través de cuatro décadas permite ver esa evolución, desde los personajes que le llevaron a la fama, el hippie y anarquista radical Gustavo, y el punkie y más radical todavía Peter Pank, acompañado de la sugerente Kampanilla, hasta su historieta ofrecida al público solo en versión digital en conmemoración del número 1001 del suplemento cultural de EL PAÍS Babelia, donde publica una ilustración todas las semanas.
Por el camino, el visitante puede admirar las dos portadas que ha hecho para The New Yorker; las aventuras oníricas de Bardín, el surrealista, que le reportaron el Premio Nacional del Cómic en 2007; la colaboración con Santiago Auserón para llevar al papel la canción El canto del gallo; la portada de un disco y el vídeo realizado para Los Planetas; su primera novela gráfica, El prolongado sueño del Sr. T (1997), de cuando los editores apenas creían en el potencial de los autores de cómic; sus ilustraciones del libro de Marco Denevi Un perro en grabado de Durero titulado El caballero, la muerte y el diablo -"uno de mis trabajos favoritos"-; o los libros editados junto a Maite Larrauri sobre filosofía.
Y mientras recorre la muestra Max desgrana su admiración por el dibujante Vázquez, ante el que hace una reverencia, por el pintor Max Ernst, de quien tomó el nombre porque sonaba igual en otros idiomas, o por la pintura flamenca: "El cuadro El triunfo de la muerte [de Pieter Brueghel el Viejo] es el más maravilloso de la historia".
Para conocer mejor a Capdevila, el dibujante ha trasladado su biblioteca, con figuritas de un buda, del muñeco Michelin y de un gato chino incluidos, a una bonita viñeta, que indica al visitante cuáles son sus obras de referencia. Y para el que no le quede claro, al final de la muestra hay un mapa, una suerte de genealogía en forma de nube de nombres y flechas, con las influencias de un artista que se ha empeñado "siempre en extrañar las cosas, en cambiar el foco para que se vean de otra manera".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 5 de mayo de 2011