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COLUMNA

Escuche, señor Trias

Era mala la idea, señor Xavier Trias, la de ceder los distritos a concejales del PSC donde fueron los más votados. Después de 32 años, el cambio se tiene que notar en algo más que en la mano tendida a la oposición. Todo se puede pactar en el pleno, pero en los barrios que se vea la novedad: eso requiere un gobierno compacto. Y, además, fíjese que este gobierno a cuatro manos habría dibujado una fractura extraña, justo donde empieza la ciudad que mira hacia el Besòs. Es una manera de hablar, porque Barcelona no ha mirado nunca hacia el río (y aquí tiene, señor Trias, un lindo reto). La Barcelona que oye ronronear el Besòs, cuando el río lleva agua, es la Barcelona nueva, la más joven, la última en llegar, y cada una de estas definiciones tiene doble sentido, usted ya me entiende. Los barrios de Nou Barris no existían: eran cuatro masías, y de pronto llega la ciudad, mal construida, lejana, incómoda. Fíjese hoy, señor Trias, ¡cuánto orgullo en esos barrios! Por eso hay que tener una sola ciudad y un solo proyecto.

A ver si de aquí a un año Barcelona es capaz de tener una cultura que exprese lo mismo que las acampadas. Hoy, no

Comprendo que usted, señor Trias, pondrá mucho empeño en ocuparse de la Barcelona nueva -la Barcelona que vota socialista-, sin tocar servicios o prestaciones sociales. De aquí a pocos meses tendrá que comparecer ante la prensa para el balance anual y querrá decir, como decía Jordi Hereu, que ha puesto teleasistencia a miles de abuelas. El alcalde Hereu estaba muy orgulloso de la teleasistencia, insistía mucho en ello. Sería más bonito subirles la pensión a las pobres viudas, ahora que vuelven a tener los hijos en casa, pero eso no es cosa suya. Usted mantenga la Barcelona social, que la caja municipal aguanta perfectamente; en eso, pocas sorpresas.

Ya que estamos puestos, estaría bien que usted cambiara la ciudad en dos aspectos. Uno, el de la participación. Que se participara de verdad. Que los concejales caminen por el barrio, cada día un rato y sin séquito, accesibles, como un vecino más. Que los consejos de barrio puedan ser convocados por cualquiera de las entidades que los componen, siempre que tengan una inquietud y al margen del calendario formal. Que asistan jóvenes y okupas, y que sean escuchados. Y que el distrito no nos invite a celebrar nada, y a ninguna fiesta, sino a un permanente debate. De paso, señor Trias, desmonte los solemnes organismos, llenos de notables, que se supone que asesoran en civismo y cultura y ciudad, y que no sirven exactamente para nada, y por eso se reúnen con pompa una vez al año y para de contar.

Y, señor Trias, desinstitucionalice la cultura. Déjela fluir libre. El Icub, con sus buenas intenciones, se ha convertido en un pulpo hipertrófico que todo lo controla: como se decía en tiempos de Ramon Muntaner, no hay pez cultural en Barcelona que no lleve el logo del Icub en el lomo. Deje, nuevo alcalde, que se haga teatro en espacios raros y privados, como se hace en Buenos Aires, y no lo subvencione ni lo inspeccione; deje que se haga música en todos los cafés, como en Berlín, y no les cobre licencia. Las fábricas de cultura están muy bien, pero que no sea el Ayuntamiento el que diga quién hace qué en cada sitio. ¿Sabe cuál es el problema? Que Barcelona no tiene un circuito off de cultura: todo es cultura oficial. Y, entre nosotros, al Ayuntamiento le gustan más unas cosas que otras, y sobre todo le gustan las cosas que les gustan a los turistas. ¿Oyó decir que estaban tentando al Cirque du Soleil para que pusiera una base en Barcelona? ¿Es esa la tradición de la ciudad? ¿La vocación? A ver, señor Trias, si de aquí a un año Barcelona es capaz de tener una cultura que exprese lo mismo que las acampadas. Hoy, no.

Y otra cosa: mantenga con vida el Plan Estratégico Metropolitano. A veces no matiza lo suficiente, pero afina, tiene ambición y está al día. Ha funcionado con el prejuicio -ideológico- de pensar el Área Metropolitana como una sola cosa y al servicio de Barcelona, pero tiene perdón: en estos años, Barcelona era el único tema y no ha sido con nadie una capital generosa. Tampoco hay una sola Área Metropolitana: hay por lo menos cuatro. Pero eso ya lo comentaremos otro día. De momento, abra puertas y ventanas, señor Trias. Que entre la ciudad al Ayuntamiento. Para empezar.

Patricia Gabancho es periodista.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 6 de junio de 2011