Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

Los indignados del 15-M pelean por subsistir a la acampada

Las asambleas lidian con el cansancio tras 21 días y la tendencia a la dispersión

Tres semanas después de estallar, el Movimiento 15-M lucha por subsistir en la plaza del Ayuntamiento de Valencia. Ya han pasado 21 días desde que la acampada se gestase en las redes sociales, 21 días en que los indignados han visto cómo llegaron a ser 10.000 y cómo, poco a poco, integraron un colectivo menor y constante en la plaza que trata de abstraerse de la euforia, la frustración, el cansancio y la impaciencia. Ahora, cada día que pasa supone una prueba a la tolerancia de muchos de los indignados, a su capacidad de aceptar puntos de vista distintos y despachar conatos de dispersión. Buena parte de la acampada entiende que el campamento no puede continuar mucho tiempo. Hasta entonces, el 15-M trata de consensuar unos mínimos.

Cada vez se suman al movimiento más barrios y más gente en sus asambleas

Este fin de semana, indignados de toda España se reunían en Madrid para decidir cómo encauzar las protestas a partir de ahora. Mientras, en Valencia, sede de una de las mayores concentraciones de todo el país, la acampada seguía a ritmo vacilante. El viernes, el profesor de Geografía Humana por la Universitat de València, Joan Romero, explicaba en la plaza ante varios centenares de ciudadanos cuales eran, en su opinión, las causas de la protesta popular que golpeó la campaña electoral el pasado 15 de mayo. "El poder lo controlan unos pocos, ¿Cómo es posible que el poder haya salido de los ciudadanos y haya llegado a las manos de unos pocos?", se preguntaba, "¿es posible revertirlo?", reflexionaba.

Los indignados aplaudieron a Romero, lo necesitaban, son muchos días de tensión y democracia horizontal, de avances lentos. "Es un alivio poder confiar en alguien", susurraba animada una chica en las filas traseras durante la charla. Otra, en primera fila, preguntó algo más tarde al profesor: "¿Qué hacemos? ¿Nos vamos, nos quedamos en la plaza? ¿Elegimos un portavoz?" La misma chica de las filas traseras murmuró: "Salvando las distancias, si lo que dice él lo dijese otro cualquiera en asamblea ya estaríamos pidiendo que cambiase de tema". Confianza y guía. Los indignados lo buscan. Son ya muchos los rumores de infiltrados de partidos políticos, de intentos por manipular el movimiento. La acampada mira de reojo, con miedo a servir de plataforma a alguien o algo; y mientras, trata de desbrozar el camino a sus objetivos.

El decálogo de propuestas de la acampada lleva casi desde el principio colgado en la página web. Algunas resultan claras y concretas (incapacitación permanente a los condenados por corrupción; que no se puedan presentar a las elecciones), otras requieren de cierta profundidad jurídica (modificación electoral; no a la barrera del 5% para entrar en las Cortes) pero todas integran el núcleo de las protestas que han sacado a la gente a la calle. Las manifestaciones continúan mientras tanto. Ayer, cientos de personas volvieron a marchar por el centro de la ciudad a la espera del llamado consenso de mínimos, una versión ampliada del decálogo.

Andrea, que está en la comisión de Acción Social y Participación, trabajaba el viernes en la organización de las comisiones. Estaba de buen humor. "Hoy lo veo todo mejor". La chica de la charla de Romero, la que se sentía aliviada, también se sentía bien. "Esto es que es un sube y baja continuo", comentaba.

Los barrios, por su parte, recogen cada vez a más y más indignados. El jueves, en El Cabanyal, varios centenares de ciudadanos se organizaban para difundir sus intenciones por los barrios de Poblats Maritims. Benimaclet se reunió ayer, día en que la asamblea de barrios se celebró en la plaza del Ayuntamiento para poner en común sus actividades y propuestas.

La reacción de los barrios es una de las incógnitas del 15-M. Cada vez hay más barrios y más gente en sus asambleas, pero no está muy claro qué papel van a jugar en el movimiento. En El Cabanyal se trabaja en difundir el día, la hora y el lugar de las asambleas además del manifiesto, pero de momento no ha dado tiempo a más.

Joan Romero apuntó el viernes que convendría "apelar a la escala local", a "trabajar en las pequeñas cosas donde sí os escucharán". Romero se refería a dejar fermentar los "grandes proyectos" mientras se pide, por ejemplo, "páginas web por la transparencia de las administraciones locales". La gente aplaudió.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 6 de junio de 2011