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VUELTA RÁPIDA | MUNDIAL DE MOTOCICLISMO | Gran premio de Cataluña

Por un Mundial de etiqueta

Veo jugar a Nadal y Federer y me doy cuenta de que el tenis es uno de esos deportes de etiqueta. En el motociclismo no hay una conexión real entre pilotos, normas y organización. No saben dónde está la línea a partir de la cual ya no se puede pisar. También en el fútbol los deportistas son conscientes de que toda acción tiene sus consecuencias y, cuando cometen una falta, todos tratan de excusarse levantando las manos, todos temen ver una tarjeta roja y perderse el partido siguiente. Los pilotos aún no tienen conciencia de lo que está bien y lo que está mal, de cuál es una maniobra correcta y cuál una incorrecta.

Con todo, en Montmeló pudimos comprobar cómo Dorna y la Federación Internacional de Motociclismo (FIM) están dando pasos importantes en MotoGP y empiezan a reaccionar con rapidez después de todos los incidentes ocurridos con Simoncelli. Falta dar el salto definitivo que imponga un poco de cordura. Con la penalización de 20 segundos a Zarco -empujó a Terol a la hierba al final de la prueba de 125cc-, la sanción está a la altura del crimen cometido. Los pilotos fueron muy afortunados de que no les pasara nada. Me da pena ver cómo ocurrió todo porque me habría gustado ver a Zarco ganar su primera carrera en el Mundial. Solo tiene 20 años. Y entiendo la locura a la que se puede llegar cuando uno ve tan cerca la posibilidad de ganar. La inercia en la que te metes por lograr el triunfo te lleva a tomar decisiones en milésimas de segundo. Sin embargo, creo que es un error que la dirección de carrera no citara inmediatamente a Zarco, incluso a los dos, como hizo el otro día con Simoncelli. Esto debería empezar a ser una norma.

Deben ser los propios pilotos quienes se impliquen para resolver los problemas que les afectan

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Llevo 32 años en este mundo y se ha avanzado muchísimo en cuanto a la seguridad en los circuitos porque hubo una serie de deportistas que luchamos para que aquello fuera seguro. Hoy son los chicos los que se pelean contra los circuitos, no al revés. Pero todavía quedan muchas cosas por mejorar. Y deben ser los pilotos quienes se impliquen para resolver los problemas que les afectan. Me fijo necesariamente en el ejemplo de la F-1, con reuniones obligadas cada fin de semana de carreras, y no entiendo por qué no se hace lo mismo en MotoGP. En la pista no solo hay las batallas que vemos por televisión. Hay muchas más que no registran las cámaras: pilotos que discuten, que se enemistan; palabras fuera de tono. Todo eso se arreglaría, o al menos la tensión se rebajaría, con reuniones periódicas y de asistencia obligatoria, una para cada categoría, con los pilotos y los cuatro miembros de la dirección de carrera. Además, cualquiera que se vea implicado en un incidente debería reunirse con la dirección de carrera. Ese debe ser el siguiente paso.

El Mundial aglutina a jóvenes que necesitan una figura oficial que les guíe en su manera de actuar fuera y dentro de la pista, una suerte de árbitro. Imaginen qué ocurriría en un partido de fútbol si un día sacamos del campo al árbitro. No son necesarias las sanciones duras, pero sí la charla, el debate e incluso advertencias, como las que merecieron ayer Zarco y Sufouglu, que se llevó por delante a Simón. Todos cometen errores y lo seguirán haciendo, pero los hay que pueden corregirse por un Mundial de etiqueta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 6 de junio de 2011