Centenares de palestinos se concentraron ayer en la línea que separa el territorio sirio del ocupado por Israel en el Golán. Era el aniversario de la guerra de 1967 e intentaban saltar las barreras, como hicieron, al precio de 13 muertos, el pasado 15 de mayo, aniversario de la guerra de 1948. Esta vez los soldados israelíes dispararon contra la pequeña multitud antes de que se acercara a la línea divisoria. Según la televisión siria, murieron más de 20 palestinos y 350 resultaron heridos.
La conmemoración palestina de la Naksa (retroceso), la pérdida de Jerusalén Oriental, Cisjordania y Gaza tras la guerra de 1967, fue muy parecida a la de la Nakba (catástrofe), el exilio masivo tras la guerra de 1948. De nuevo se utilizó como modelo la protesta pacífica que caracteriza las revueltas árabes: la idea consistía en forzar los disparos israelíes para recordar al mundo, con un puñado de cadáveres, que el conflicto seguía vivo y sin perspectivas de solución.
Además de la escaramuza fronteriza protagonizada por palestinos refugiados en Siria, unas 100 personas marcharon hacia el puesto de control de Kalandia, a medio camino entre Ramala (capital administrativa de la Autoridad Palestina) y Jerusalén. En Kalandia, los manifestantes fueron dispersados con balas de goma, gases lacrimógenos y líquido pestilente sin que se registraran víctimas mortales. Hubo al menos dos docenas de heridos entre los participantes en la protesta.
Resultó bastante obvio que los incidentes en el Golán, un territorio sirio ocupado por Israel desde 1967, gozaron del patrocinio del Gobierno de Damasco. Las tropas fronterizas sirias no solo permitieron el paso de los palestinos, sino que facilitaron autocares y cavaron una trinchera a 20 metros de la barrera para que se protegieran frente a los disparos israelíes.
El régimen sirio no se ha atrevido desde la guerra de 1973 a arriesgar un solo soldado para recuperar el Golán, pese a autoproclamarse campeón de la resistencia antisionista, y prefiere utilizar delegados para hostigar a Israel: Hezbolá en Líbano, Hamás en los territorios ocupados. Ahora delega en grupos de refugiados palestinos. Benjamín Netanyahu acusó al presidente de Siria, Bachar el Asad, de utilizar la tragedia palestina para apartar la atención mundial de las matanzas cotidianas que perpetraba contra su propia población. En este caso parecía probable que Netanyahu tuviera razón.
En Líbano, tanto la milicia chií Hezbolá como el Gobierno provisional (enemigo de la milicia) consideraron que no valía la pena derramar más sangre en la frontera y establecieron una zona militarizada a la que no pudieron acceder los manifestantes palestinos.
Netanyahu había advertido previamente de que sus tropas no permitirían una invasión, por breve y pacífica que fuera, como la registrada el pasado 15 de mayo con motivo de la conmemoración de la Nakba. "He dado órdenes a nuestras fuerzas de seguridad para que actúen con determinación y mesura a la hora de proteger nuestra soberanía, nuestras ciudades y a nuestros ciudadanos", dijo por la mañana el primer ministro israelí antes del Consejo de Ministros de los domingos.
Hacia mediodía, cuando los manifestantes palestinos se acercaron a la barrera divisoria, los soldados israelíes lanzaron avisos en árabe: "Quien intente cruzar la frontera morirá". Oficialmente, las órdenes consistían en disparar a las piernas. Como en otras ocasiones, la trayectoria de los disparos resultó en general algo más elevada.
El Gobierno israelí teme que la previsible decepción de septiembre próximo, el mes que por razones diversas los palestinos habían establecido como punto de arranque de un Estado independiente, fomente la organización de marchas masivas hacia los puestos fronterizos. Eso obligaría al Ejército de Israel a perpetrar grandes matanzas de personas desarmadas y empeoraría sustancialmente su imagen internacional.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 6 de junio de 2011