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Cuando el público es el artista

Una exposición reúne propuestas de 80 artistas que democratizan la creación

Marcel Duchamp colocó un urinario en una galería, lo tituló como La fuente y lo firmó. Era el año 1917 y con ese acto nació una forma de crear basada en dos principios: arte es lo que dice el artista que es arte, y lo importante no es el objeto, sino la idea que hay detrás. La exposición Do it yourself art, que hasta el 24 de julio puede visitarse en la sala de exposiciones de la Fundación Canal, se sumerge en una forma de entender la autoría artística que han practicado infinidad de creadores desde principios del siglo XX hasta hoy. "Arte que produce arte. Arte que cualquiera puede producir. Esto es Do it yourself: el arte del hágalo usted mismo. La obra de arte es deliberadamente reproducible; los artistas redactan manuales de instrucciones o crean objetos con los que cualquiera puede producir sus obras de arte tantas veces como quiera. El Do it yourself art democratiza el arte, lo despoja de su aura mística y acaba con el estatus del artista como genio creativo solitario". Así describe Klaus Littmann, comisario de una muestra que invita al público a participar del acto creativo y que toma su título de la expresión inglesa que en los años cincuenta del pasado siglo se utilizó para definir las reformas y arreglos caseros que no necesitaban la intervención de un profesional.

Damien Hirst ofrece un kit para realizar una de sus pinturas de lunares

Hay propuestas de unos 80 artistas inspiradas en esa idea. Una democratización del arte que variados creadores han materializado, desde hace un siglo, a través de diversas estrategias. Hubo quienes redactaron manuales de instrucciones para que otros ejecutasen la obra, como Malevich con su Cuadrado negro (1913): "Hoy la producción artística se ha simplificado a tal extremo que lo mejor que uno puede hacer es encargar por teléfono sus cuadros a un pintor de brocha gorda mientras está tirado en la cama", escribió en 1925. Sol LeWitt, con su Dibujo en la pared número 989 (2001) y Yoko Ono, con su Pieza de deseo (1996), un árbol en el que los visitantes pueden anudar una tira de papel con un deseo, también crearon ideas reproducibles según sus normas. Otros artistas ofrecen al público todo el material para construir una obra. Por ejemplo, Damien Hirst nunca ha ocultado que sus famosos dot paintings (lienzos con lunares de colores pintados) eran en realidad ejecutados por sus ayudantes. Incluso llegó a declarar que una de sus asalariadas los hacía mucho mejor que él. Hirst, maestro de la autopromo-ción, pone a disposición del público todo lo necesario para realizar un dot painting. Rizando este rizo, una joven artista, Naroa Lizar, presenta en la exposición la pieza Iartistlondon (2009), consistente en una web en la que se puede adquirir los kits para realizar algunas de las obras más emblemáticas de los Jóvenes Artistas Británicos, como la famosa calavera con diamantes engastados de Hirst, o la tienda de campaña de Tracy Emin titulada Everyone I have ever slept with 1963-1995.

También están presentes en la exposición las Máquinas de dibujo de Tinguely, esculturas mecanizadas que crean dibujos de forma aleatoria, y, por supuesto, no falta un homenaje al readymade, el objeto cotidiano elevado a categoría de obra de arte. Además de The broken Rrose Sélavy (un bidé que Ducham firmó con uno de sus seudónimos), Littmann ha invitado a un grupo de personas a que aporten sus propios readymades a la exposición.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 6 de junio de 2011