Llevamos en una semana tres mujeres asesinadas por violencia de género. Tres mujeres, que según los medios de comunicación no había denunciado maltratos. Y según van indagando los reporteros, en casa de una de ellas se oían discusiones, los vecinos de las otras dos han sido más discretos. Otra mujer había desaparecido y han encontrado su cuerpo; alguien en algún momento vio cómo discutía con otra persona dentro de un coche.
Algo falla, cuando se repite una y otra vez la noticia de que no había denunciado malos tratos la muerta; algo falla, cuando nos sigue sin perturban ver u oír discutir a la gente; algo falla, cuando los asesinatos parecen realizarse en ramilletes y no se varía ni un ápice la forma de tratar las noticias. Se le sigue dando más importancia al maltratador y asesino que a la víctima. ¿Por qué siguen tantas mujeres sin denuncias? ¿En qué más podemos mejorar para que se sientan protegidas y puedan dar el paso de salir de la prisión del silencio, del miedo, de la trastienda?
Seguimos sin hacerles llegar a los maltratadores que cuando sabemos de sus asesinatos nos provocan repulsión, que son seres infames y que no son merecedores de llamarse personas. Algo tendremos que hacer desde la sociedad.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 6 de junio de 2011