El otro día, un amigo me explicaba que la biblioteca pública de su barrio elimina los libros de más de cinco años de antigüedad para poder comprar nuevos. Buena parte de esos libros desechados han sido editados previamente con fondos públicos. Hace poco, una profesora de matemáticas se encontró en los contenedores de basura de su instituto con uno de los mejores manuales escritos para estudiantes. En el centro fue informada de que según la normativa deben desecharse todos los manuales que ya no se encuentren en uso en los cursos. Hoy, la Universitat Autònoma de Barcelona ha decidido que uno de los pensadores más destacados de este país en el ámbito de las ciencias sociales, con varias obras traducidas al inglés, deje de impartir una materia troncal a los estudiantes, como ha venido haciendo desde hace 30 años, aunque seguirá pagándole con cargo al erario público. ¿Nos está idiotizando la crisis o es que simplemente la incultura ha encontrado una excusa para campar a sus anchas?
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 7 de julio de 2011