¡No me puedo ir a dormir con tanto alemán buenísimo suelto por el mundo! Ocho de la mañana, café con leche y yo leyendo semejantes declaraciones en el Facebook de mi amiga. Si es que la noche la confunde. Ya lo decía aquel pseudofamosete. Y es cierto que a veces la noche nos confunde pero, vamos a aceptarlo, la mayoría de las veces es que queremos confundirnos. Y en otros tantos casos vivimos completamente confundidos. Sea de noche, sea de día. Confundidos y buscando. Buscando la casa adecuada, el coche ideal...la relación perfecta. Y cuando por fin la encontramos, ¿qué pasa?, ¿qué hacemos? Seguimos buscando. Buscamos el defecto, el fallo, la tara. Curiosa cosa esto de buscar cuando nunca nos conformamos con encontrar. Ante mis dudas entre tanta confusión y búsqueda recibo diferentes propuestas-soluciones. Primera: mejor jóvenes, a educar. Segunda: maduritos, que ya vengan criaos, ¡Aunque últimamente esto ya no es ninguna garantía!. Tercera: ¡Extranjeros! Mejor no entender lo que dicen. Y mi favorita: lo mejor, ¡los borrosos!, unas cuantas copas y todo borroso parece maravilloso. Finalmente lo que a todos nos encanta, lo que nos confunde y vuelve locos es el amor... Ya lo pregonaban los Beatles y lo jura mi muy sabia madre: el amor será lo único que nos salve. ¡Amor para todos!
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 8 de agosto de 2011