Paco Herrera, entrenador del Celta, es un hombre de fútbol que le ha dado a todos los palos desde la secretaría técnica al banquillo pasando por el trabajo de cantera. En Vigo calienta su noveno banquillo de Segunda División. Semeja una voz autorizada para diseccionar la categoría y desde su experiencia sostiene que hay dos perfiles de equipos que pelean por afrontar el salto de categoría. "Por una parte están los equipos que la acaban de perder y que no se han desprendido de nadie; por otra, los que se pueden gastar dinero y fichar", resume.
En ninguno de esos dos apartados está el Celta, cuatro años lejos de Primera División y con las arcas reponiéndose tras cerrar un traumático proceso concursal. Pero la historia pesa y la del Celta está entre los grandes. Por eso en Vigo se debate sobre las expectativas del equipo, se desea y se padece porque la entidad está más atenta a descapitalizarse deportivamente que a reforzarse.
Herrera: "Entiendo que cunda el desánimo. El club tiene un prestigio"
La entidad está más atenta a descapitalizarse que a reforzarse
"Entiendo que cunda el desánimo entre la afición. El Celta tiene un prestigio", asume Herrera, que justo antes del Trofeo Ciudad de Vigo disputado el sábado con derrota ante el Spórting (0-1) alertó sobre la inconveniencia de fijar elevados objetivos. "Es un error que alguien los marque y luego te den una pistola de agua para ir a la guerra", espetó. Luego aclaró que no era su caso. "Desde que vine al club supe que no había otra opción que trabajar con los jóvenes. Esas son las reglas. Con nuevos fichajes daríamos un salto, pero es irreal, por eso lo descarto y trabajo con los chicos del filial". A estas alturas, hace un año, Paco Herrera acababa de llegar a un equipo que había cerrado la temporada en media tabla tras perder dos partidos más que el Murcia y tantos como el Cádiz (16), que se fueron a Segunda B. Incluso entonces no dejó de hablarse de ascenso, de al menos colocar al equipo entre los seis primeros. Y Herrera se aplicó a lo que entiende como una tercera vía para llegar a Primera, la de la alquimia: "Armar un equipo poco a poco".
Quizás lo logró antes de lo esperado. Faltó cuajo. Llegó al liderato, el equipo se desinfló y acabó peleando en la promoción para caer por penaltis ante el equipo que acabó ascendiendo, el Granada. Ahora Herrera tiene dudas. "No sé donde estamos", reconoce.
A dos semanas del inicio de Liga se suceden los avatares. Herrera se despidió del lateral Roberto Lago tras confesar que sería complicado encontrar otro zaguero de su nivel, pero justo tras decirle adiós, le dio la bienvenida porque se frustró el acuerdo con el Granada. Ahora López Garai y Trashorras, otros dos titulares la pasada campaña respecto, dejarán de participar en los partidos de pretemporada a la espera de que se concrete su salida del club.
Con el vasco se trata de llegar a un acuerdo para cerrar un finiquito e incluso se ha incorporado un futbolista para su demarcación, Natxo Insa. Más repercusión tendría la marcha del mediapunta de Rábade, seguramente el futbolista de más talento de la plantilla, la pieza sobre la que se construyeron los mejores momentos del equipo la campaña pasada. El club, necesitado de ingresos, busca una salida para el jugador, que hace unos meses desechó una oferta para emigrar al fútbol ruso y Herrera asume que debe de preparar la temporada sin él, por más que al final ocurra como con Lago. "Son situaciones que hay que afrontar con normalidad y si al final los jugadores no salen contaremos con ellos".
Sin Trashorras, el equipo, tal y como se constató ante el Spórting, pierde la verticalidad de quien domina los rudimentos del último pase. Y lo previsible es que si se marcha no se adquiera un sustituto tal y como ocurrió con el meta Falcón.
Una parte de la afición presente el pasado sábado en Balaídos pidió a voz en grito al futbolista que se quede. También se escucharon reproches hacia alguno de los ejecutivos de la entidad que, al margen de sus problemas para manejar un presupuesto destinado a cuestiones futbolísticas durante las últimas semanas, movió su maquinaria de forma poco ágil en aspectos como el lanzamiento de la campaña de abonados o fomentar la presencia de los jóvenes en el estadio.
La inacción del club para aprovechar la efervescencia generada tras la eliminatoria ante el Granada ayuda a potenciar las dudas. Y las comparaciones con el vecino del norte siempre están presentes: cuando el Celta, que cerró la campaña pasada con 14.000 abonados, abrió la opción de retirar los carnés, el Deportivo ya había despachado casi 20.000. Tras una semana, el club presentó como un gran paso adelante que casi un centenar de aficionados se hubieran dado de alta. Por entonces, en A Coruña ya había 7.000 nuevos abonados.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 8 de agosto de 2011