Sin docentes, no hay sistema educativo que valga. Así lo reconoció ayer el jefe del Consell, Alberto Fabra, en la que fue su primera inauguración oficial del curso en un colegio público de nueva construcción en Benissa. Fabra alabó "el trabajo de los más de 51.000 profesores" que ejercen en la red pública y "velan para que la transmisión de conocimientos sea la más eficaz y genere más oportunidades de futuro".
Fabra se desmarca así de las críticas de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, que acusó a los docentes de trabajar poco, para justificar el incremento laboral hasta 20 horas semanales, lo que le ha valido manifestaciones, una amenaza de huelga general y una marcha atrás en toda regla, con un solemne: "El que tiene boca se equivoca".
El presidente valenciano se desmarcó de las posiciones sostenidas por la presidenta madrileña y por María Dolores de Cospedal en Castilla-La Mancha. Ambas dirigentes han apostado por recortes presupuestarios y de plantilla docente. Y subrayó: "Somos la segunda comunidad autónoma en presupuesto destinado a Educación, lo que supone un total de 5.000 millones de euros al año". Además de recordar que, de este gasto, salen 221,1 millones para ayudas escolares al libro, al comedor y al transporte, de las que se benefician "ocho de cada 10 familias".
El curso, que arranca con el mayor número de alumnos de la "historia" con 784.191 estudiantes, pivota sobre el anunciado plan de choque contra el "fracaso escolar", según reafirmó el presidente. Al Consell le "preocupa", por eso "va a ser un pilar en esta legislatura". Para enfrentar esta lacra -que afecta al 38,5% de jóvenes de 16 años-, Fabra pidió a la oposición y agentes educativos cooperación y que la educación quede "fuera del debate político". Antes, reconoció que para mejorar la calidad hay que "ofrecer las mejores instalaciones" y se comprometió a suprimir los 900 barracones.Es el mismo discurso de la última Administración del PP, pero adornado con otros collares. El presidente Alberto Fabra recogió ayer la herencia dejada por su predecesor (el dimitido Francisco Camps) y ratificó la necesidad de implantar una enseñanza trilingüe en castellano, valenciano e inglés. Aunque, lo hizo desde el consenso que ha esgrimido ya su consejero de Educación, José Ciscar, que se ha comprometido a abrir el debate "a la participación de toda la comunidad educativa".
El modelo plurilingüe que ha puesto en marcha el colegio público Manuel Bru de Benissa "va a ser un ejemplo para toda la educación de la Comunidad Valenciana", defendió Fabra.
Para justificar que el borrador de decreto de plurilingüismo heredado sigue adelante -aunque será revisado "punto a punto", como ya ha anticipó el martes su consejero, debido el rechazo unánime de docentes, padres y sindicatos- el jefe del Consell insistió en que los datos demoscópicos de la Administración demuestran que "casi el 80% de los valencianos quiere una enseñanza en castellano, valenciano e inglés".
El Manuel Bru es uno de los colegios adscritos al programa bilingüe enriquecido, por el que los alumnos adelantan el aprendizaje del inglés a los cuatro años. El programa se ha extendido con éxito desde 1998 a centenares de colegios, a partir de los programas de enseñanza en valenciano, lo cual supone un guiño a los sindicatos y padres que defienden un trilingüismo a partir de mejorar esta fórmula en Primaria.
El presidente insistió en los otros dos planes estrella de esta legislatura: el plan de choque contra el fracaso escolar y el plan individual por municipios para acabar con las aulas prefabricadas, en las que estudian este curso 19.000 alumnos.
"Nuestro compromiso es la educación" y, por ello, "tenemos que ofrecer las mejores instalaciones e infraestructuras a nuestros jóvenes", asumió el presidente de la Generalitat, en un gesto inédito entre los jefes del Consell que le han precedido. De hecho, este asunto le ha costado un quebradero de cabeza a la Generalitat en los últimos ocho años, debido a la proliferación de barracones crónicos; es decir, aquellos donde los alumnos se han graduado sin pisar un aula de ladrillo. Las continuas protestas y quejas de los padres han llevado al Síndic de Greuges a emitir severas recomendaciones al respecto.
Tras entonar el mea culpa, Fabra se dirigió a los sindicatos y, sobre todo, a la oposición parlamentaria a la que pidió que la educación sea "un compromiso de todos". "La educación no es una cuestión partidista, sino un compromiso social", apuntaló Fabra, que se ha comprometido a sacar adelante en el Parlamento autonómico una nueva Ley de Formación de Adultos y un plan de choque, que deberá consensuar y pactar en las mesas de negociación tanto con patrones, sindicatos y asociaciones de padres. En ese sentido, el presidente ha apelado a construir "un frente común" para trabajar de "forma conjunta y reducir el fracaso escolar".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 9 de septiembre de 2011