Sobre la sentencia del TSJC sobre el uso del castellano en la enseñanza en Cataluña, comparto el contenido de su editorial del pasado miércoles, 7 de septiembre: no excluye el catalán ni lo pone en un segundo nivel, simplemente hace ley de algo que siempre está en cuestionamiento, y es la libertad legítima de quienes, sin renunciar a su catalanidad ni anteponer su españolidad a ella, quieren que el castellano sea tan vehicular como lengua como el catalán.
Lo que es preocupante es la llamada del Gobierno de Cataluña a la insumisión, como en su día, muy reciente, hizo la Comunidad de Madrid con leyes que no les gustaban. Sabemos todos que el Poder Judicial, o algunos de sus estamentos, se ha ganado a pulso, mediante sentencias más políticas que jurídicas, su bajo nivel de aceptación social, pero el resto de poderes ni puede ni debe dar el mensaje de que las sentencias están para no cumplirlas, y que no pasa nada si así se hace. Luego pasa lo que pasa y nos rasgamos las vestiduras, más bien se las rasgan.
Empecemos por lo básico, acatar y hacer cumplir las leyes, aunque no nos gusten, porque lo que está en juego es nuestro modelo de convivencia, y con eso no debe jugarse.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 9 de septiembre de 2011