El Gobierno catalán parece ahora empeñado en mantener que el único ajuste posible para las cuentas públicas es bajar los salarios de sus empleados.
Hay una alternativa más efectiva, equitativa y legítima: subir los tipos marginales del impuesto de la renta para los ingresos medios y especialmente para los ingresos altos. Más efectiva porque si los aumentos fuesen significativos podría suponer ingresos adicionales elevados de forma sustancial y permanente. Más equitativa porque no solo se verían afectados, por ejemplo, maestros o personal sanitario del sector público, sino también médicos del sector privado, futbolistas, ejecutivos o empresarios; la equidad exigiría -esto sí- una decidida lucha contra el fraude fiscal. Más legítima porque en vez de recortar derechos de los trabajadores (como puede ser el número de pagas anuales) usaría lo que es una competencia del Gobierno: decidir los tipos impositivos sobre la renta.
Se dirá que el aumento fiscal puede deprimir la economía, pero no se dejen engañar por la ideología: bajar salarios normalmente deprime más la demanda que subir los impuestos, especialmente si el aumento afecta más a los más ricos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de octubre de 2011