El niño Alan Palomo desembarcó en Tejas con cinco años, pero ya antes, en su Monterrey natal, había descubierto los viejos vinilos de su padre: Jorge Palomo, una suerte de Scott Walker en acepción mexicana. Alan creció y no quiso abrazar aquel romanticismo, tal vez por pudor generacional. Prefirió encerrarse en la habitación y manufacturar una electrónica precaria
a la que ahora llaman chillwave, aunque él tiene, a sus 23 años, la lucidez de no tomarse muy en serio las etiquetas.
Las nuevas tendencias, y más las sobredimensionadas, no siempre calan a la primera. El teatro Kapital solo presentó anoche una entrada discreta para asistir al estreno de Era extraña, segundo trabajo de Palomo bajo el alias de Neon Indian. Su elaboración, el invierno pasado en tierras finlandesas, ya no se guió por la penuria presupuestaria. Dispone de otros cuatro músicos, pretende aportar motivos resultones y suena bien, pero le lastra su indefinición. Aburre. El primer tema, Terminally chill, aspiraba a ser contagioso, pero ni la chavalería más predispuesta sabía descifrar cómo bailarlo. Y luego llegó un pasaje de ruidismo electrónico que habríamos calificado de onírico hasta que el propio Palomo admitió la realidad: "Disculpen, tenemos un problema técnico".
La del mexicano es electrónica con melodía y teclados retro, a veces deudores de los años ochenta o con un punto narcótico: al chillwave también lo llaman hypnagogic pop, en alusión a esa semiinconsciencia que separa la vigilia del sueño. Alan es una esponja absorbente que descubrió a Esplendor Geométrico o Aviador Dro por Internet y al que ayer regalaron discos de Golpes Bajos y Ataque de Caspa. Pero por ahora es solo un curioso demasiado disperso. Aúna voluntad, inquietud y buena pose (chupa de cuero, flequillo rizado, cierto parecido con Mika), pero anda escaso de canciones redondas. Parte de la chavalería acabó capitulando, repantingada sobre los sofás. Aún falta materia para que Neon Indian se convierta, según la jerga al uso, en un hype como Dios manda.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 11 de noviembre de 2011