El debate a cinco del miércoles me ha parecido mucho más interesante que el debate a dos del lunes. Para empezar, los participantes parecían estar mucho mejor preparados, demostrando un buen dominio de los temas abordados y sin leer constantemente de sus papeles, como en el caso -muy llamativo- de Rajoy.
A veces me pregunto por qué los dos partidos mayoritarios no presentan sus mejores elementos. Está claro que los tienen: en algunos momentos he tenido la sensación de que Gallardón y Jáuregui serían muchos mejores candidatos para estas elecciones. Pero, sobre todo, he visto en este segundo debate una metáfora de buen gobierno: en el caso de una participación plural el diálogo es totalmente distinto. Cuando solo hay dos partes, cada una intenta destruir a la otra. Cuando son varias, se dialoga más de los temas importantes, se exponen ideas y se buscan soluciones, acuerdos, consenso. Uno de los motivos es que si dos de ellos se ponen a luchar entre sí, saldrían beneficiados los demás y, por tanto, la estrategia de machacar ya no funciona.
Como muchos, estoy convencido de que esta es una de las causas principales del pésimo nivel del diálogo político en este país: el sistema electoral mayoritario y por consecuencia el bipartidismo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 11 de noviembre de 2011