Lluís Duch y Albert Chillón, en un magnífico artículo -La corrupción del discurso, publicado en EL PAÍS, el 4 de noviembre-, señalan que "la moderna conciencia lingüística enseña que el discurso es hacedor de realidad".
Si aplicamos esta trascendental apreciación a la actualidad político-mediática española tenemos: unos amplísimos medios de comunicación de ideología, llamémosle conservadora, con un discurso demoledor y apabullante por lo reiterativo contra el Gobierno socialista, al que acusa de manipulación -como mínimo- del 11-M; de connivencia con ETA; de traición a las víctimas del terrorismo; de apoyo al asesinato con la ley del aborto; de adoctrinamiento izquierdista vía Educación para la Ciudadanía... y un relato de la crisis económica con sistemática omisión del contexto nacional e internacional.
¿Y qué realidad ha creado este discurso? Pues la de aupar desmesuradamente a un partido y a su líder, con escasa valoración popular y sin un programa ilusionante o contundente. En el inmediato futuro, ¿alguien duda de que tan perverso mensaje pasará factura a Rajoy, un hombre moderado, y que le acarreará feroces críticas de su incondicional (por ahora), nutrido y desmelenado sector mediático? Y en todo caso, ¡cuánto daño al imprescindible y básico entendimiento ciudadano.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 11 de noviembre de 2011