El grupo musical Russian Red acaba de volver de una gira en Asia en la que Tokio fue el último escenario del tour. La solista Lourdes Hernández (Madrid, 1985), junto a algunos de los músicos, alucinó tanto con la ciudad que casi no embarcan en el avión de vuelta.
Casi se queda 'lost in traslation'.
Salí con los músicos. Primero fuimos de bares y luego, en la discoteca, se perdieron. Regresé al hotel esperando encontrarles al día siguiente en el aeropuerto...
¿Aparecieron?
Llegaron cuando quedaban cinco minutos para embarcar. Sus caras eran de vértigo y lo único que repetían es que no se acordaban de nada excepto de una nebulosa.
¿No tenían un guía?
Sí, se llamaba Hero y nos llevó por sitios muy auténticos.
Dicen que la capital tiene mucha marcha.
Es una metrópolis y eso se nota. Por las noches, la ciudad parece un festival de luces y tiene movimiento continuo. Me recuerda Nueva York.
¿La gente viste bien?
Allí van muy cool por la calle. Cada tribu urbana tiene asociada una indumentaria que reivindica. En la zona de Harajuku quedan todas para lucir sus trajes. Es una zona de tiendas muy movida y las lolitas góticas van en masa un día a la semana.
¿Compró algo?
No pude evitar dar una vuelta por el centro comercial Laforet. Es colosal. Aparece en medio de la ciudad y la sexta planta alberga un museo.
¿Subió a una azotea?
Sí, para ver el vertiginoso skyline de la ciudad. Incluso desde tan arriba se siente el bullicio de sus calles.
Seguro que alguna noche se dio al sushi...
No lo comí tantas veces, pero probé el caballo.
¿Cocinado?
Crudo. Lo servían como un carpaccio. También es tradicional y a mí me pareció exquisito. La carne se nota un poco más prieta; más dura.
¿Le atrapó la vida tokiota?
En la ciudad pierdes un poco el control y te sientes muy extraña. Esa sensación de estar descubriendo un sitio nuevo me parece muy estimulante. Es un lugar al que hay que ir una vez en la vida, por lo menos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 11 de noviembre de 2011