Nunca habían estado tanto tiempo el Deportivo y el Celta sin confrontar sus fuerzas en la Liga. Hoy, cinco temporadas después -el último duelo fue en abril de 2007, en Balaídos-, regresa en Riazor el clásico del fútbol gallego con la ansiedad propia de tan larga abstinencia y la urgencia de quienes tienen por objetivo dar el salto de la Segunda División a la Primera. Eso sí, Riki, delantero deportivista, estima que, por muchas cosas, sigue siendo un envite propio de la máxima categoría.
Es, sobre todo, un choque por mantener el pulso en la clasificación. Más apurado para el Deportivo, aunque no tanto por su condición de local como por su desventaja de tres puntos respecto al adversario. Un triunfo no solo dispararía al Celta en la tabla y en el orgullo, sino que también abriría para su eterno antagonista un agrío debate forjado entre las dudas que destila el equipo que prepara José Luis Oltra, decepcionante a domicilio.
La corriente empuja al Celta, que hace un mes tocó fondo tras caer en casa ante Las Palmas y desde entonces encadena un empate y cuatro victorias. Además, mientras Oltra reconoce que no ha tocado la tecla adecuada, Paco Herrera parece haberla encontrado con la incorporación de Oier a la zaga y, sobre todo, las de Oubiña a la medular, Aspas en punta y Bermejo tras él.
Curiosamente, el de hoy va a ser el envite con más jugadores gallegos sobre el campo en los últimos 25 años. Los aporta de forma mayoritaria un Celta que ha apostado por la cantera.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 13 de noviembre de 2011