La Puerta del Sol estaba concurrida ayer. No porque la convocatoria del 15-M para reflexionar conjuntamente congregara a cientos de personas, si no por el tránsito habitual de gente de un sábado cualquiera, con bolsas de compras y cámaras de fotos. Los indignados querían tomar la plaza una vez más para recordar a los políticos que no les representan, como suelen corear en sus manifestaciones. Pero la respuesta ciudadana quedaba lejos de aquella que el 15-M logró movilizar en sus primeros días, justo antes de las elecciones autonómicas del 22 de mayo.
Los indignados reunidos en torno a un micrófono no llegaron al centenar en toda la jornada. De uno en uno, pasaban por el altavoz instalado bajo la estatua de Carlos III para hacer llegar sus quejas y peticiones al futuro presidente del Gobierno.
La asamblea popular reclamaba lo que tantas veces han repetido ante miles de personas o en pequeñas comisiones: representación directa en democracia, más derechos y menos recortes. Pero su voz no consiguió llegar más allá del gigantesco árbol de Navidad casi instalado en mitad de Sol. En ocasiones, los músicos de orquesta que tocaban al otro lado de la plaza consiguieron más público. Aun así, el ambiente fue festivo y hubo tiempo durante el día para simular "la última boda" entre homosexuales y un desalojo con carga policial a base de porras de cartón.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 20 de noviembre de 2011