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CARTAS AL DIRECTOR

La reforma laboral no es la panacea

La Navata-Galapagar, Madrid

¿Alguien se cree que el despido libre, la eliminación de los convenios, la desjudicialización de los conflictos laborales, o la supresión de los puentes van a solucionar el mercado de trabajo?

La razón va por un lado y la realidad va por otro y hoy toca aprovechar la coyuntura para darle la vuelta a los derechos adquiridos en el siglo XX; al fin y al cabo, a la fuerza ahorcan y muchos españoles firmarían en blanco por conseguir un puesto de trabajo.

El caso es que ni por activa, ni por pasiva, se habla de cambiar el modelo económico o de buscar un nuevo modelo productivo que absorba tres millones y pico de parados, porque, ¿qué empresario está dispuesto a crear empleo de forma masiva en los actuales y agotados sectores económicos?

Desde que Unamuno inaugurara aquello de "que inventen ellos", hasta el "España es un país de servicios" de Aznar, han pasado casi 100 años y en todo ese tiempo nadie ha intentado cambiar la tendencia; aparte del turismo, seguimos dependiendo del maná tecnológico de Estados Unidos y de los grandes países de Europa, y solo hay que ver un "todo a cien" para saber que ahora también dependemos de China.

Con un tejido productivo arruinado y lamiéndose las heridas producidas por el ladrillo, la única política realista pasaría por la búsqueda de un nuevo modelo económico, porque la reforma laboral solo es panacea para los intereses inconfesables de algunos y si no, tiempo habrá para comprobarlo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 12 de diciembre de 2011