En menos de un mes cientos de embalajes de regalos navideños inundarán los contenedores de cada calle.
En algunos casos, los Reyes Magos también regalan un perro o un gato. Un peluche que se mueve, juega, ladra, lame, enferma, llora y come.
Los refugios y protectoras se llenan meses más tarde de estos peluches sin hogar. Por eso invito a todos los que piensen que el mejor amigo del hombre es, también, el mejor regalo para estas Navidades que lo reflexionen una vez más y visiten alguna de las protectoras desbordadas de peluches que se mueven, juegan, ladran, lamen, enferman, lloran y comen.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 12 de diciembre de 2011