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Entrevista:

"Antes había otras prioridades como la droga, pero hemos tomado nota"

Coordinador de la Ertzaintza sobre violencia sexista

"Calidez". El coordinador de la Ertzaintza sobre violencia sexista no se cansa de repetir el sustantivo. La palabra, calor o ardor, según el diccionario, bien sirve para resumir el trabajo de la policía vasca en la lucha contra este tipo de delitos. Calor porque la complejidad de estos sucesos, su anacronismo social, la injusticia y atrocidad que supone atentar contra una mujer por el simple hecho de serlo, requiere "si cabe aún más sensibilizar al colectivo policial de que este es un delito fundamental y prioritario", explica. Formar al agente en un tipo de criminalidad ajena por lo emocional al tráfico de drogas o a un robo en un domicilio. Y ardor, porque como si de una batalla se tratara, los medidos y medidas que la Ertzaintza ha desplegado desde que en 2005 elaborara su primer test de riesgo de mujeres maltratadas, se han multiplicado en los últimos dos años.

"Un 'ertzaina' siente frustración cuando lo ha hecho todo y al final..."

"Mi problema ha sido que desde el principio he pensado que era un delito que había que atajar, una lacra social contra la que había que luchar", cuenta J. V. B., que prefiere mantener su nombre en el anonimato por seguridad y fue nombrado coordinador a principios de noviembre. El subcomisario ingresó en la Ertzaintza en 1990, una época en la que todavía se escuchaba eso de crimen pasional, cuando ya de por si una violencia que se suele ejercer en la soledad de un dormitorio, un pasillo o una cocina, se entendía que no debía traspasar esas paredes.

La atención, formación o especialización hacia este tipo de delitos dependía entonces de la sensibilidad y concienciación individual de cada agente. "El problema es que había otras prioridades, tráfico de drogas, robos con intimidación. Se hablaba del superpolicía, de una persona que investigaba y conseguía detener al malo. Pero hemos tomado nota", añade el agente.

El subcomisario asegura que 2004, año que se aprobó la Ley Integral contra la Violencia de Género, fue un revulsivo para la sociedad y para la Ertzaintza. Fue el punto de inflexión para que las medidas que hasta entonces se adoptaban se incrementaran. Los 21 años que median entre la primera vez que J. V. B. puso un pie en Arkaute y hoy, se traducen, entre otras cosas, en formación. Los 8.000 agentes que componen el cuerpo -"todos, absolutamente todos persiguen delitos de violencia machista", subraya- y, por supuesto, los 65 especializados en la materia, han recibido directrices para saber cómo actuar, gestionar y proteger a las mujeres maltratadas.

J. V. B. vuelve a echar mano de su palabra estrella para explicarlo. "Tenemos que ser conscientes del estado emocional de una víctima. Hay que tratarlas con especial sensibilidad, escucharlas. Un agente tiene que saber si hay que mirarle directamente a los ojos, si hay que acariciarle o no. Calidez", ilustra, el agente, todavía con el recuerdo vivo del asesinato de Cristina Estébanez, de 25 años, en diciembre de 2010, después de que su expareja se colara en su domicilio de Barakaldo descolgándose de un andamio.

"Un ertzaina puede sentir frustración" ante este tipo de casos, aclara, "cuando ve que ha hecho lo imposible y que al final... Porque matar es muy fácil. De ahí la importancia no solo de las medidas policiales, también de educación, de sensibilización. Hay que empezar en las escuelas", opina.

En el terreno de lo concreto, la Ertzaintza ha articulado 12 medidas de protección que en función de los niveles de riesgo de la víctima (básico, alto y especial) se aplican. A la instrucción básica en materia de autoprotección, se suman las llamadas y patrullas aleatorias de control, el acompañamiento a los juzgados, la vigilancia permanente (escoltas) o la contravigilancia, entre otras. Al igual que los amenazados por terrorismo, la Unidad de Protección y Seguridad de la Ertzaintza vela por las mujeres con un riesgo especial. Una medida "pionera", según el subcomisario, y con la que detectar, por ejemplo, el quebrantamiento de las órdenes de alejamiento.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 12 de diciembre de 2011

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  • J. V. B.