El ministro Montoro prometió evitar duplicidades administrativas con el principio de "a una función, un órgano", lo que reduciría organismos públicos de las comunidades autónomas. Sin embargo, el Gobierno aprueba el viernes pasado un decreto de estructura del Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas, contemplándose dos órganos para una misma función. Uno, el Instituto Nacional de Administración Pública (INAP), que se dedica a la formación y selección de todos los empleados públicos. Otro, la Escuela de Hacienda Pública, dedicada, fundamentalmente, a la formación y selección de los Cuerpos de Hacienda, aunque también imparte formación para funcionarios de toda la Administración.
¿Con qué autoridad moral puede pedirse a una comunidad autónoma que suprima organismos públicos cuando el ministro no simplifica los organismos de su Ministerio y mantiene órganos distintos para idénticas funciones? Admitiendo que los Cuerpos de Hacienda deban disponer de su propia Escuela, ¿no podría esta insertarse dentro del INAP, aunque con sus específicos contenidos?, ¿no interesan en el Ministerio de Hacienda las economías de escala? La fuerza de las corporaciones continúa impidiendo que los políticos se atrevan a acabar con sus privilegios.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 2 de febrero de 2012