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Argentina entra en suspensión de pagos técnica con los organismos financieros internacionales

Argentina ha entrado hoy en suspensión de pagos "técnica" ante los organismos financieros multilaterales al no hacer efectivos los 2.900 millones de dólares del vencimiento de un préstamo del Fondo Monetario Internacional (FMI). Al cierre del horario bancario de Estados Unidos, las arduas negociaciones entre el Gobierno argentino y el FMI que deberían permitir el anuncio este viernes de un programa de refinanciación de largo plazo de la deuda argentina no habían llegado a buen puerto. Y sin acuerdo no hay pago. El jefe de Gabinete, Alberto Fernández, afirmó que no se puede firmar lo que no se puede cumplir, y confirmó que Argentina no estaba en condiciones de pagar con sus reservas. Anticipándose a la previsible cascada de reacciones, el presidente Néstor Kirchner, advirtió a media mañana: "Que no nos vengan a asustar con el caos y las siete plagas. Ya lo hicieron y terminamos como terminamos".

Formalmente, Argentina queda ahora no sólo en suspensión de pagos ante los acreedores privados sino aislada del sistema financiero internacional. En la práctica, la situación es algo menos dramática ya que en el caso de que un país incumpla sus compromisos con el FMI, la comunicación oficial del director-gerente del organismo al directorio ejecutivo no se produce hasta dentro de un mes. No cabe duda, pues, de que los negociadores seguirán en sus puestos las próximas semanas.

La de hoy es, por encima de todo, una señal que no contribuye a mejorar la imagen de Argentina de país poco confiable para los inversores. Pero, al mismo tiempo, la decisión del Gobierno argentino de no hacer efectivo el vencimiento de 2.900 millones de dólares no es tan sorprendente. Un diplomático europeo admitía que cuando la negociación con el FMI sigue totalmente abierta, es lógico que la otra parte se reserve la mejor carta y no pague.

Tres escollos

Los medios de comunicación han difundido hasta la saciedad los tres escollos que supuestamente impiden la firma del anhelado acuerdo, que debería renovar por tres años el que expiró el 31 de agosto. La disciplina fiscal que permita recaudar fondos para hacer frente a los acreedores, a través de un superávit fiscal primario para los dos próximos años; el aumento de tarifas de los servicios públicos privatizados (agua, luz, electricidad, telecomunicaciones), congeladas desde la devaluación del peso; y la compensación a los bancos que tuvieron que devolver en dólares los depósitos de los ahorradores que ganaron sus recursos de amparo.

Son tres elementos de un cuadro más amplio, en el que destaca por encima de todos la monumental deuda, que lleva más de un año en suspensión de pagos sin que el Gobierno se haya sentado a negociar con los acreedores. Es un problema que el presidente Kirchner heredó el pasado mayo, pero que ahora tiene totalmente en sus manos. Llega la hora de verdad para el jefe del Ejecutivo, que ha dado muestras de voluntad de cambio y capacidad de decisión en cuestiones de alta rentabilidad electoral (depuración del Ejército, reforma de la Corte Suprema, anulación de las leyes de impunidad por los crímenes cometidos contra la dictadura).

Buenos Aires, colapsado

El problema es que el primer desafío serio que afronta Kirchner coincide con un prolongado proceso electoral en todas las provincias argentinas que comenzó en agosto y concluye en noviembre, en el que el presidente aspira a construir el poder político del que carece en la actualidad. Los comicios del domingo próximo en la ciudad y la provincia de Buenos Aires, 47,4% del electorado nacional, tienen gran importancia para la consolidación de Kirchner y las fuerzas que le respaldan. No es sorprendente, pues, que en plena campaña, sea más difícil aceptar según qué cláusulas en un acuerdo con el FMI. El aumento de las tarifas de los servicios públicos privatizados es el mejor ejemplo.

Decir no a un aumento de las tarifas es popular es un país donde una gran parte de la ciudadanía no podría pagarlo. Hoy el centro de Buenos Aires quedó colapsado por grupos de manifestantes que clamaban contra el pago de la deuda externa y contra la subida de tarifas.

France Telecom se va

La atención hacia las negociaciones entre Gobierno y FMI se desvió por un momento hacia France Telecom, que anunció su retirada del país al vender su parte en Telecom Argentina, la segunda operadora telefónica. La versión oficial señala que se trata de una decisión empresarial estratégica de abandonar América Latina para concentrarse en Europa. Si de malas señales se trata, el anuncio no podía producirse en peor momento para los intereses del Gobierno.

Telecom Argentina inició en mayo pasado una demanda contra el Gobierno argentino ante el tribunal de arbitraje del Banco Mundial por el retraso de las autoridades en ajustar las tarifas y por incumplimiento de contrato. Otras filiales en Argentina de empresas de servicios públicos privatizadas han iniciado acciones similares para hacer frente a los efectos de la congelación de las tarifas desde la crisis de 2002 y la devaluación del peso.

La operadora telefónica, repartida hasta hoy a partes iguales entre franceses e italianos, protagonizó la mayor suspensión de pagos privada en Argentina, y el curso de sus negociaciones era seguido atentamente por empresarios y el Gobierno, que tiene el desafío de encarar la renegociación formal con los tenedores de bonos de deuda externa.