El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Duräo Barroso, ha anunciado hoy que la Estrategia Europa 2020 para un crecimiento económico sostenible durante la próxima década no incluirá sanciones para los países miembros que no cumplan con sus objetivos. En su lugar, Bruselas apuesta por emitir advertencias a los Estados, que en el Consejo Europeo de junio deberán comunicar al resto de socios los objetivos adaptados a su propia economía. Además, Barroso ha vuelto a insistir en la necesidad de establecer un gobierno económico común, aunque sin concretar cómo piensa llevarlo a cabo en paralelo a sus medidas para respetar el Pacto de Estabilidad.
Según ha explicado el jefe del Ejecutivo comunitario, la Comisión planteará unas reglas de seguimiento de los nuevos compromisos nacionales "más fuertes" para obtener resultados. En lugar de sanciones, ha añadido, la UE adoptará directrices integradas y hará recomendaciones específicas a cada estado, así como se reserva la potestad de emitir "advertencias políticas" en caso de una respuesta inadecuada. "La crisis ha puesto al descubierto nuestras flaquezas", ha resumido Barroso al tiempo que advertía de que "seguir como hasta ahora no es una opción". Según ha insistido, pese a que la propuesta se extiende durante la próxima década, resume "lo que tenemos que hacer desde ahora, no dentro de 10 años".
Cinco principales objetivos
De entre los cinco objetivos que establece el plan de Bruselas (empleo, I+D, clima y energía, educación y lucha contra la pobreza) destaca el propósito de reducir en 20 millones el número de pobres en la UE, es decir, algo menos de la cuarta parte de su número actual, 85 millones. También, siempre y cuando la economía europea crezca a un ritmo sostenido del 2%, prevé crear 5,6 millones de empleos. Sin embargo, la realidad es la de 23 millones de parados y unas expectativas de crecimiento de en torno al 1% insuficiente para crear puestos de trabajo.
El documento Europa 2020 hace un esfuerzo de concreción respecto a su antecedente, la fracasada Estrategia de Lisboa de 2000 que pretendía conseguir que en 2010 la economía europea fuera "la más competitiva y la más dinámica del mundo capaz de un crecimiento económico sostenible, una mejora del empleo, y una mayor cohesión social". Para lograrlo, la Comisión aboga por una economía verde y una reducción de los gases de efecto invernadero hasta en un 30% como eje de esta política, ya que supone, a su vez, un cambio en el sistema industrial y una apuesta decidida por las energías renovables.
Tras la rueda de prensa en la que Barroso ha presentado la iniciativa, el Gobierno español ha afirmado que la Comisión ha enfocado bien la nueva estrategia en lo que respecta a su impulso político y al control de su aplicación pese a la falta de medidas coercitivas para los países que no cumplan sus objetivos. Para el secretario de Estado español para la UE, Diego López Garrido, "el dar liderazgo al Consejo Europeo y un papel protagonista a la Comisión en el seguimiento de la estrategia es una buena forma de enfocar el asunto".