Los responsables de la búsqueda de los marineros que aún siguen desaparecidos por el naufragio del O Bahía van a analizar esta noche las imágenes tomadas del barco para comprobar si el cuerpo de alguno de los tripulantes está enganchado en la maraña de redes que impide el acceso al pesquero.
El capitán marítimo de A Coruña, Francisco Suárez Llanos y un grupo de técnicos, han comparecido esta noche ante los periodistas, tras permanecer reunido cerca de dos horas con los familiares de los desaparecidos, para explicar las dificultades de la operación de rescate, en la que se utiliza uno de los robots submarinos empleados en la extracción del fuel del Prestige.
Si hay constancia de que ningún marinero se encuentra entre los aparejos, se procederá al corte de las redes. Lo que permitirá a los buzos bajar y subir a la máxima velocidad, ha señalado Suárez Llanos.
Suárez Llanos ha indicado que pasadas las 20.30 subió a la superficie el buceador que se había sumergido para tratar de llegar al pecio, situado a unos 80 metros de profundidad. Este buzo sólo pudo llegar a los 68 metros, debido a que había "muchísimas redes", con las que ha estado a punto de enredarse, a lo que se añade el inconveniente de que el cordón umbilical que le conectaba con la superficie se había tensado demasiado.
Localizada la barandilla
Según ha explicado el capitán marítimo, el buceador ha logrado ver algo de la barandilla del barco y la antena del radar, por lo que el pesquero, hundido el pasado miércoles frente a las islas Sisargas, ha quedado definitivamente identificado. Al día siguiente del naufragios se recuperaron cinco cadáveres y las previsiones indican que los otros cinco se encuentran en el interior del pecio.
Mientras el buque de apoyo Latero ha regresado al puerto de Malpica con el equipo de buzos, permanece en la vertical de la zona del hundimiento el remolcador Alonso de Chaves, desde el que esta noche bajarán las cámaras robotizadas para tomar imágenes de las condiciones y la cantidad de redes que hay sobre el barco.
Suárez Llanos ha dicho que los familiares han "comprendido perfectamente" la complejidad de la operación y ha insistido en lo arriesgado de la inmersión a estas profundidades, debido a la fuerte presión y a los movimientos lentos a que se ve obligado el buzo, quien sólo ha podido permanecer 14 minutos en la parte más profunda y ha tardado dos horas en ascender.