Un oficial del Ejército de EE UU ha admitido que seis de los presos de Al Qaeda en Guantánamo recibieron ayer alimentación por vía intravenosa para paliar la deshidratación que sufren tras la huelga de hambre que inicaron el pasado miércoles. Uno de ellos fue inyectado a la fuerza, tras negarse a recibir suero. De los 300 de los miembros de Al Qaeda que están confinados en la base estadounidense en Guantánamo, 73 se negaron ayer a comer.
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Según el coronel Terry Carrico, los seis presioneros que ayer recibieron suero sufren de deshidratación, por lo que están siendo tratados en las instalaciones médicas del campamento. En total, 86 prisioneros se negaron ayer a desayunar; negativa que 73 de ellos mantuvieron a la hora de comer. Carrico, sin embargo, no precisó si estos detenidos son los mismos que se niegan a recibir alimento desde el miércoles.
La huelga de hambre comenzó cuando un militar le quitó un turbante improvisado a uno de los prisioneros, mientras éste rezaba, porque no respondió a las órdenes del soldado para que se lo quitara. Después se supo que el detenido no contestó precisamente porque estaba rezando. Sin embargo, el comandante del centro de detención, general Michael Lehnert, autorizó poco después a los detenidos a utilizar los turbantes para aplacar al primer movimiento masivo de protesta en el campamento.
Otros portavoces militares han señalado que bajo las disputas por las costumbres religiosas podría encontrarse la preocupación de los detenidos por su futuro. Según el general de la Fuerza Aérea John Rosa, los detenidos no están ya tan conmocionados como cuando llegaron por primera vez a Cuba y "ahora que se están adaptando, el problema real es cuál será su futuro, qué les está pasando".