El motín que estalló el pasado sábado en la cárcel de Benfica, en la zona norte de Río de Janeiro, ha finalizado hoy después de que las autoridades brasileñas aceptaran las principales reivindicaciones de los amotinados. La rebelión ha dejado un saldo provisional de 34 muertos -todos reclusos excepto un guardia-, aunque, según ha informado la Secretaría de Seguridad Pública del Estado, dicha cifra "puede aumentar" en las próximas horas.
Agentes de policía, funcionarios de prisiones, bomberos y personal médico se encuentran ahora en el interior de la cárcel para hacer un recuento de los presos, rescatar los cuerpos sin vida y atender a los heridos.
MÁS INFORMACIÓN
- Presos de una cárcel de Río matan a un guarda y toman 36 rehenes
- El Gobierno de Río ordena levantar un muro para aislar las favelas violentas
- La policía halla armas de guerra en una favela de Río de Janeiro
- 2.000 soldados se dirigen a Río para combatir a los 'narcos' de las favelas
- Morir es fácil en Río de Janeiro
- El Estado de Río de Janeiro pide a Lula el envío de 4.000 soldados
- Regreso a las favelas
Los presos, que han estado amotinados cerca de 62 horas en la Casa de Custodia de Benfica y que asesinaron a un guardia carcelario, han entregado ya las armas y han liberado a todos sus rehenes, que llegaron a ser 26, después de que las autoridades aceptaran negociar. También fue determinante para la conclusión del motín la mediación del pastor evangélico Marcos Pereira da Silva, de la Asamblea del Dios de los Ultimos Días.
Crónica de una rebelión
La rebelión comenzó la mañana del sábado después de que un grupo de pistoleros atacara a tiros a los guardias de la Casa de Custodia de Benfica y facilitara la fuga de por lo menos 17 de los presos, tres de los cuales ya han sido capturados.
Los internos que pretendían huir aprovecharon las armas en su poder para asumir el mando dentro de la cárcel, que tiene capacidad para 1.300 presos y en donde había 900 hasta la semana pasada. La noche del domingo, tras un día de tensas negociaciones, los presos asesinaron a uno de sus rehenes. El guarda fue tiroteado a quemarropa por la espalda y en la presencia de los negociadores enviados por el gobierno regional de Río de Janeiro. Las negociaciones con los sublevados se reanudaron ayer por la tarde con la llegada a la cárcel de un pastor evangélico, una de las reivindicaciones de los amotinados.
Según la policía, la rebelión fue liderada por unos cien miembros del Comando Vermelho (Comando Rojo), una antigua y poderosa organización criminal que controla el tráfico de drogas en la mayoría de las favelas de Río de Janeiro. Los presos muertos, según las autoridades, formarían parte del Tercer Comando, una organización criminal que se ha convertido en el principal adversario del Comando Vermelho en Río de Janeiro. Entre las reivindicaciones de los amotinados atendidas por la Gobernación de Río de Janeiro, además de comprometerse a no tomar represalias contra los sublevados, figura el traslado a otras cárceles de unos 80 miembros del Tercer Comando que están en la Casa de Custodia de Benfica.