La boda del príncipe Carlos de Inglaterra, heredero de la Corona británica, y Camilla Parker Bowles, anunciada el pasado 10 de febrero y que debía tener lugar el próximo viernes, ha sido atrasada al sábado "como señal de respeto" tras la muerte del Papa. En su lugar, el príncipe asistirá este viernes al funeral de Juan Pablo II en representación de la reina Isabel II, según ha anunciado hoy su portavoz, que ha precisado que su pareja Parker Bowles no viajará con él a Roma.
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Asimismo, el Príncipe ha cancelado sus vacaciones de esquí en Suiza para atender a la misa por el Papa que tendrá lugar esta tarde en la catedral de Westminster y a la que también asistirá Camila, así como personajes de la vida política, como el primer ministro, Tony Blair.
Los motivos de este cambio de fecha son principalmente que Carlos de Inglaterra no quiere casarse y celebrar su enlace un día en el que el mundo está de luto por la muerte del pontífice. Además habria muchos invitados que tendrían que escoger entre la boda o el funeral. El mismo arzobispo de Canterbury, que dará la bendición a la pareja, se espera que vaya a Roma, así como el primer ministro británico.
Una boda accidentada
Pero el de hoy no es el primer problema que surge desde que se anunciara el enlace. Primero los novios dijeron que se iban a casar en el Castillo de Windsor, pero no pudo ser porque ello significaba dejar la puerta abierta para que cualquier pareja se pudiera casar allí durante tres años. Además, la Reina anunció que no iría a la boda civil, aunque confirmó su asistencia a la bendicion religiosa que habrá después del enlace. Asimismo, dijo que su boda no sería legal porque existía una ley que no permitía a la familia real casarse por la iglesia. Finalmente, el ministro de Justicia anunció que se ajusta a la legalidad.