Basta echar una mirada a los carteles de la campaña electoral, a los anuncios publicitarios, a los discursos de la mayoría de los líderes políticos de todos los partidos para advertir que las elecciones del próximo domingo, más que para cambiar a los alcaldes o a los presidentes de regiones y provincias, van a servir como importante sondeo político, con gran repercusión para el inmediato futuro de la vida interna de este país.,Son varios los motivos por los que estas elecciones se han convertido en todo un acontecimiento político de enorme trascendencia. En primer lugar, van a realizarse en vísperas del cambio en el Quirinal, donde el popular presidente socialista Sandro Pertini deja una gloriosa pero difícil herencia.
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Por otro lado, casi con certeza, al mes de estas elecciones tendrá lugar un delicadísimo referéndum popular lanzado por el partido comunista, por iniciativa de Berlinguer antes de morir, para anular un decreto del Gobierno Craxi con el que se recortó la escala móvil, es decir, el mecanismo que aumenta automáticamente el sueldo de los trabajadores según la subida de precios de un conjunto de productos. Es un referéndum que ha dividido profundamente a los sindicatos, como los había dividido ya a la hora de la aprobación del decreto gubernamental.
Por eso las elecciones de mayo son importantísimas. Una doble victoria del PCI -en elecciones y referéndum- afianzaría enormemente a los comunistas y podría llevar a una situación política que fácilmente desembocaría en la disolución del actual Parlamento. El actual secretario comunista, Alessandro Natta, ha declarado que en caso de que su partido se afiance como el primero del país deberá dársele la posibilidad de probar a formar Gobierno.
La reconquista
A todo esto hay que unir que la Democracia Cristiana -con su nuevo secretario, Ciriaco de Mita, empeñado en modernizar y purificar a un partido gastado por 40 años consecutivos de poder- está lanzada esta vez a la reconquista de los Gobiernos de las grandes ciudades perdidas hace nueve años a favor del partido comunista y de las izquierdas unidas, como Turín, Roma, Milán, Florencia, Génova, etcétera.
En estos años, según la mayor parte de los italianos, los comunistas han gobernado mejor que sus antecesores, los democristianos; pero ya se empieza a advertir también en dichos Gobiernos comunistas un cierto desgaste. Prueba de ello es que, por primera vez, administradores del llamado partido de las manos limpias han acabado últimamente en la cárcel junto con democristianos.
En un momento de debilidad que los otros partidos quieren aprovechar para recuperar sus antiguos feudos, es significativo el caso de Roma, desde hace años gobernada por un alcalde comunista, y que los democristianos quieren recuperar cueste lo que cueste. Lo quieren los democristianos y lo quiere el papa Wojtyla. Al parecer, Juan Pablo II, en una audiencia privada, comentó lo siguiente a de Mita: "Ya he visto una vez en mi vida los carros de combate en las calles y no querría volver a verlos". Y defendió ante De Mita al candidato vaticano para la alcaldía de Roma: el miembro del Opus De¡, periodista de televisión y actual diputado democristiano europeo Alberto Michelini, amigo personal del Papa.
La verdad es que las próximas elecciones van a ser una prueba política importante para muchos. Para la Democracia Cristiana, porque pueden significar el espaldarazo o la derrota del líder Ciriaco de Mita, que se ha empeñado en una limpieza del partido que no todos juzgan ni sincera ni capaz de frenar la hemorragia de votos de las últimas elecciones europeas, en las que el partido católico perdió un 6% de sus sufragios, bajando a su mínimo histórico.
Serán importantes también para el PCI. Se verá si el nuevo líder, Alessandro Natta, más duro que su antecesor Berlinguer, pero con menos popularidad, conseguirá mantener en pie el llamado efecto Berlinguer -es decir, la ola de consenso conquistada con su muerte ejemplar- o si, como muchos piensan, el partido comunista está envejeciendo, perdiendo afiliados y monstrándose incapaz de elaborar ideas y programas nuevos capaces de convencer a las nuevas clases de trabajadores.
La guerra santa de la DC
¿Y qué decir del Partido Socialista Italiano (PSI)? Según el politólogo de Panorama Giorgio Galli, son ellos quienes más se juegan en estas elecciones. El PSI es un partido que sólo con el 10% de los votos constituye una pieza clave para la formación de Gobiernos en Italia mientras siga fuera de juego el PCI; al mismo tiempo, es un partido que desde la llegada de Bettino Craxi a su secretaría ha cambiado radicalmente, hasta el punto de que para muchos ya no es un auténtico partido socialista, aunque ha dado fuerza electoral y unidad a los divididos y acomplejados socialistas de ayer. Para Craxi, estas elecciones demostrarán si el efecto de la presidencia ha sido positivo para su partido, como lo fue para los republicanos la presidencia de Giovanni Spadolini, que duplicó los votos republicanos en Milán, superando a los mismos socialistas en una ciudad que está considerada como el feudo de Craxi.A todo esto hay que añadir que en estas elecciones aparece por primera vez en Italia el fenómeno de los verdes, que se presentan en casi todas las ciudades en una infinidad de grupos diversos, pero muy combativos, hasta el punto de que es el fenómeno que más está preocupando a los otros partidos. Por eso esta vez, en todas las listas de candidatos de las restantes fuerzas políticas, es muy considerable la presencia de verdes. Uno de los carteles de propaganda del PCI dice, por ejemplo: "El verdadero verde es rojo", a lo que en seguida el partido de los ecologistas ha respondido: "El verdadero rojo es hoy verde", haciendo así una llamada a la izquierda.
Guerra de eslóganes
El eslogan nacional de la Democracia Cristiana es muy significativo en unas elecciones administrativas: "Vota democristiano para no tener que despertarte el 12 de mayo en otro país".
El espantapájaros del adelantamiento comunista está siendo muy instrumentalizado por la Democracia Cristiana, con la protesta airada de los otros partidos laicos menores, porque en este país siempre el miedo del comunismo ha acabado favoreciendo a mamma DC, ya que muchos italianos, ante el miedo al lobo, se refugian en la mamma que los defiende. Por eso ha protestado el partido comunista, afirmando que es indecente darle tanto sentido político a unas elecciones sólo para cambiar alcaldes. El eslógan comunista, basado en su imagen pública de eficaces administradores, es muy significativo: "Una ciudad mejor donde pasar un futuro más feliz".
El partido socialista es el que más miedo tiene de acabar aplastado entre las dos iglesias (la DC y el PCI), ya que temen que al final pueda realizarse el sueño de Berlinguer de ver gobernando juntos a católicos y comunistas. Por eso el partido de Craxi ha criticado duramente a la Iglesia en estas elecciones y se ha presentado como un partido moderno, laico, libertario, joven. En la campaña regalan unos sobrecitos con semillas de claveles rojos en los que se lee la siguiente frase: "Florecerán para ti en mayo". Y añade: "Con el PSI florecerá Italia".
Mientras, los republicanos han basado toda su campaña en la imagen bonachona de Giovanni Spadolini, con un eslógan que dice: "¿Se han preguntado ustedes por qué la gente le escucha con tanto agrado?".
El voto de Wojtyla
La importancia de estas elecciones ha llevado a los mayores partidos a preparar una campaña electoral en la que están echando toda la carne en el asador. La Democracia Cristiana ha recurrido esta vez a la Iglesia, cosa que no hacía desde muchos años atrás. Y el papa Wojtyla, que se pensaba el más alejado de los problemas de la política italiana, ha salido a campo abierto para ayudar al partido de los católicos con el fin de poner un freno al partido comunista. Y lo ha hecho con tal ímpetu, a la polaca, que hasta la misma Democracia Cristiana, que ha realizado en los últimos años un lento pero real camino de laicización, renunciando al colateralismo con la Iglesia, se ha quedado extrañada y hasta perpleja.La fuerte llamada de Juan Pablo II en Loreto a la unidad política de los católicos, insinuando que deben votar por la Democracia Cristiana; la intervención del mismo Papa contra la película de Godard, en clave de cruzada religiosa, en plena campaña electoral, y el ataque frontal del vicario de Roma, cardenal Ugo Poletti, contra el Ayuntamiento comunista y el del arzobispo de Bolonia, Biffi, contra el Gobierno de la ciudad más roja de Italia y desde siempre la mejor administrada han sido síntomas muy significativos.
Cierto es que la mayor parte de la Iglesia italiana no ha escuchado al Papa y no está empeñándose directamente al lado de la Democracia Cristiana. Pero también es cierto que algunos obispos se han sentido apoyados por la influencia wojtyliana y se han lanzado, como en 1948, a una lucha abierta. Bastaría citar unas palabras del arzobispo Giovanni Mostele durante un convenio organizado por la Democracia Cristiana sobre Fe y política. El arzobispo dijo textualmente: "El 12 de mayo hay que elegir. Se trata de delinear el futuro de nuestro país con Dios o sin Dios". Le hizo coro el ministro del Interior, que se hallaba presente, Luigi Scalfaro (democristiano): "Si en estas elecciones", dijo, "debieran sucumbir la libertad y la democracia, la culpa ante Dios sería nuestra y de la Iglesia por no haber sabido defender estos valores".
Y el secretario democristiano, Ciriaco de Mita, volvió a desempolvar el fantasma del aborto como "una pena de muerte" que se ha colado por la ventana tras haber sido abolida por la puerta.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de mayo de 1985