Rosa Chacel descubrió ayer su busto en bronce, instalado en el Campo Grande de Valladolid, dentro de la mejor tradición romántica española, aunque con variantes: pisando sobre un. chubasquero tendido en la hierba por el autor de la obra, el escultor Francisco Barón. Había rocío, y los organizadores temieron que la escritora se empapase los pies. La falta de alfombra originó el gesto de Barón. Pero aún quedaba espacio descubierto, así que la fotógrafa Henar Sastre se quitó su cazadora vaquera y la tendió en el jardín.No era ésta la única sorpresa que le aguardaba a Rosa Chacel. Tras retirar la tela y contemplar su rostro en bronce exclamó: "Muy bien, perfecto; es increíble, ha reflejado hasta mi espíritu", y dirigió una mirada aprobatoria hacia el escultor. Sin embargo, sus ojos repararon enseguida en un sobre blanco que cayó al suelo. Contenía el anónimo de un admirador que dedicaba versos encendidos a la escritora. Para sorpresa la que se llevaron el sábado por la noche muchos vallisoletanos.
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Llorenç Barber dirigió un sobrecogedor concierto de más de 30 campanas en toda la ciudad que sonaron durante una hora. Como dijo el dueño de un bar: "Es normal esta sorpresa; no es habitual que las campanas repiquen en homenaje a una mujer de 90 años; a esa edad suenan para doblar por alguien, no para homenajearlo".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 6 de junio de 1988