Rosa Chacel es desde ayer hija predilecta de Valladolid, su localidad natal, y cuenta con un monumento que perpetuará su presencia en el parque más popular y conocido de la ciudad, el Campo Grande. Ambos actos -el nombramiento y el descubrimiento del busto en bronce de la escritora- fueron el colofón de un homenaje que duró tres jornadas y cuya apertura se produjo el 3 de junio, día en que cumplía 90 años.
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La autora de Memorias de Leticia Valle quiso dar las gracias al estilo tradicional. "En vez de decir gracias, respondo con mi silencio, que expresa claramente mi firmeza en ser y seguir siendo lo que, según decís, creéis que soy", señaló al ser nombrada hija predilecta de Valladolid. Deslumbrada por los focos, sonriente y emocionada, Rosa Chacel tuvo que pedir ayuda para leer unas líneas escritas de su puño y letra con las que quiso cerrar el homenaje, en un acto celebrado en el teatro Calderón. Mientras pudo leer recordó con voz firme su vinculación a Valladolid. "Decir una vez más que yo no olvidé jamás esta tierra sería repetir algo que está bien demostrado, tanto que un poeta famoso me definió como perteneciente exclusivamente a ella. Por esto, lo que la tierra y la lengua significan para mí siempre estuvo a la vista. Ahora, después de estos días de homenaje, que me encantan pero que en cierto modo me causan terror, lo que ante mí es brillantez de lo que había quedado bajo el velo de la distancia aparece como la imagen real con aterradora realidad de mí misma. Algo así como cuando se ponen en su lugar las piezas de un rompecabezas. Se contempla la totalidad y se dice con verdad: esto es lo que debía ser".Antes, el alcalde de Valladolid, Tomás Rodríguez Bolaños, dijo que el concierto de campanas del sábado le había recordado la palabra clamor y con ella a Jorge Guillén, "algo así como si la generación del 27 estuviera diciendo a Rosa Chacel: escucha y alégrate hoy de ese tañido y guárdanos algo". Indicó que "hay ser mucha mujer" para hacer lo que Rosa Chacel ha hecho: "Ir de puntillas caminando en silencio y escribir y escribir... y pensar y pensar y escribir otra vez".
A lo largo de los tres días de homenaje numerosas personas han acudido a las conferencias y mesas redondas organizadas en honor de la novelista. En ellas, Emilio Alarcos Llorach trazó un paralelismo entre Rosa Chacel y santa Teresa de Jesús, porque "ambas escarban en lo profundo de la conciencia"; Ana María Moix dijo que leyendo a Rosa Chacel llegó a la conclusión de que "los exiliados éramos los de dentro", y Javier Marías destacó "la fiereza no agresiva" de la novelista. El homenaje contó con la adhesión de multitud de políticos e intelectuales.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 6 de junio de 1988