JOSÉ BARRIONUEVO negó ayer ante el juez Móner haber "autorizado, ordenado o consentido" las actividades. de los GAL. Era su respuesta a las acusaciones penales que pesan sobre él. Previamente, y en relación con sus eventuales responsabilidades políticas, había expresado su convicción de que el pueblo español ve "con extrañeza" la situación en la que se encuentra "tras haber hecho todo lo posible por combatir a ETA". La víspera, en plena conmoción por el atentado del lunes, había declarado. "La instrumentalización, del caso GAL supone un balón de oxígeno para los terroristas".Esto último es cierto, pero quien era ministro del Interior cuando aparecieron y actuaron los GAL no puede lavarse las manos respecto a ese efecto retardado y no previsto de la guerra sucia.Y ello con independencia de su eventual responsabilidad penal, asunto que corresponde dilucidar a los jueces. Hoy resulta evidente, que entre esos efectos figuran estos dos: haber contribuido a la deslegitimación del Estado en el País Vasco en unos anos cruciales para el afianzamiento de la autonomía y haber dado pábulo a la entonces moribunda teoría etarra de las dos violencias simétricas.
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El efecto combinado de ambos factores ha sido la reproducción del radicalismo violento. La primera generación que no conoció el franquismo, la que ahora dirige KAS y HB, vivió en plena adolescencia aquellos años e interiorizó la falacia de que se trataba de elegir entre dos bandos armados. Que era una falacia se demostró cuando la desaparición, de la guerra sucia no interrumpió los atentados de ETA, pero para entonces ya era tarde. Que los efectos se hayan hecho visibles con 10 años ¿te retraso, merced a las confesiones de algunos de los principales impulsores de la guerra sucia, y que haya habido instrumentación de esas confesiones, como dice Barrionuevo, son consideraciones a , tener en cuenta, pero no eximen de responsabilidad política a quien dirigía Interior entre 1983 y 1987.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 14 de diciembre de 1995