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FÚTBOL 23ª JORNADA DE LIGA

El Barça pide la hora ante el colista

El Camp Nou despide con una pañolada al equipo tras ganar por la mínima al Sporting

Por la mínima y para casa. Y con mal cuerpo, con desgana, con el bochorno de tener que mirar el reloj ante el colista. El Barca acabó ayer con una racha nefasta de no haber ganado en la Liga en todo el 98 -tres derrotas y un empate-, pero dio muestras de seguir enfermo. Los azulgrana ganaron al peor equipo de Europa gracias a un balón que desvió sin fortuna la espalda de Otero. El Barça sigue sin chutar y la grada está más que harta. Quería el público una goleada terapéutica que eclipsara por un día la convulsión del palco y el vestuario y se encontró otra vez sufriendo. El público dictó sentencia y despidió al equipo con una severa pañolada.Van Gaal figura como acusado en todas las encuestas sobre la crisis azulgrana y ayer se demostró por qué. La hinchada dirigió toda su ira contra el holandés. Con Stoiclikov castigado, con Anderson, el hombre de los 3.000 millones en la grada, la afición se ensañó con el técnico cuando decidió relevar a Figo por Nadal por temer el empate del último de la fila. Fueron abucheos selectivos, porque el mallorquín recibió aplausos cuando tocó el balón.

Los ex del Ajax, Bogarde, Reiziger y también el serbio Ciric, todos ellos fichajes, tuvieron casi que taparse los oídos cuando intervinieron en el juego.Fue una censura inequívoca al nuevo proyecto. Núñez, que se enfrenta también a un voto de castigo de la oposición, vio ayer cómo el crédito, al menos en la grada, se agota.

El Sporting llegó con ánimo intimidador, pero su caudal futbolístico es aún ese caso para amenazar al Camp Nou. Los primeros compases dieron, fe deI abismo que media entre los dos equipos: un chut envenenado de Iván, otro de Figo y una oportunidad fallida, por lentitud de Giovanni. Con el Sporting acorralado, el partido pintaba bien, pero pronto llegó una mala noticia. Iván de la Peña, alineado ayer como media punta, notó un pequeño pinchazo al chutar y se acabó rompiendo instantes después al Chocar con Bogarde. No estuvo en el campo ni tres minutos. Roger le suslituyó.El Baça no acusó ayer la ausencia de Iván, pero se le empiezan a acumular las bajas.Guardiola y Lo Pelat, sus dos teóricos cerebros, están en la enfermería.

Van Gaal plantó sobre el mismo equipo que en Riazor, salvo el cambio del sancionado Sergi por Guillermo Amor. El alicantino puso orden y tranquilidad sobre el campo. Recuperó balones y dio sentido común. El Barça dominó sin discusión, con una velocidad razonable y el gol se intuyó. Fue precisamente Amor quien abrió para Giovanni; que centró para que Rivaldo cabeceara a la red. El partido pareció encarrilado porque sólo un minuto después Velasco, ante una salida en falso de Hesp, falló incomprensiblemente a portería vacía.

Con el marcador a favor, sabiéndose muy superior, el Baça entró en una fase de control, pero sin puntería. Fueron momentos soporíferos en los que los azulgrana reclamaron un par de penaltis. Figo intentó frenar el aburrimiento con una acción individual, tras regatear a varios defensas, que acabó repeliendo el poste.

El Sporting, que parecía un invitado de piedra, no perdonó. Thceryshev cogió el rebote del larguero, cruzó medio campo, se zafó de Reiziger y batió de chut raso al guardameta Hesp. El delantero ruso se bastó para demostrar la fragilidad de zaga azulgrana. El cabreo del Camp Nou apenas duro un minuto. Rivaldo chutó y se encontró con la espalda de Otero que desvió el balón a gol.

El panorama empeoró tras el descanso. El Barça no encontró huecos y estuvo fallón. Ni Celades, solo, ni Rivaldo, acertaron a empujar el balón hasta el fondo de la red. Sin nada que ver sobre el césped, el, público se entretuvo silbando al árbitro, criticando el cambió de Figo y abucheando a Bogarde y Reiziger.La bronca fue en aumento, el nerviosismo cundió en el césped y medio Camp Nou temió cuando Otero tuvo, en el último minuto, el gol del empate, pero no logró parar el balón.

El fantasma de los últimos minutos, con el equipo defendiendo la salida de un córner, cundió sobre el estadio. El árbitro pitó el final, la afición despreció los tres puntos, hurgó en el bolsillo y desató su ira contra el técnico. Pero Van Gaal vive en su propio universo: dijo sentirse muy satisfecho por el resultado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de febrero de 1998