Ray of light, el disco que motiva la gira mediática de Madonna por Europa, llega en buen momento. Languidecía la industria Madonna, ese sector académico de los departamentos de Estudios Culturales que produce libros, tesis y seminarios alrededor del mayor icono femenino viviente de final de siglo. Madonna es una mina inagotable, por ejemplo, para la discusión entre feministas puritanas y sus hermanas descarriadas que aprueban la pornografía.Ambos sectores tienen nueva munición para sus controversias. La vía Madonna de conquista del poder: en la industria del entretenimiento resulta vindicada por los espléndidos resultados de Maverick, su discográfica particular, responsable del lanzamiento del disco más vendedor de los últimos años, firmado por la canadiense Alanis Morissette, que a su vez ha abierto un enorme mercado para las intérpretes femeninas de lengua franca e imagen quebradiza.
Por el otro extremo, Ray of light y los últimos actos públicos de Madonna sugieren un abandono de las tácticas de provocación y un desplazamiento hacia el centro de las modernas costumbres. El Vaticano puede tener los pelos de punta por la forma en que concibió a su hija, pero ella hace pequeños gestos de reconciliación al bautizarla Lourdes María o al presumir de buena madre llevándosela en sus viajes. En Ray of light también hay concesiones a la ola-de-espiritualidad-que-nos-in-vade en la forma de un mantra hinduista.
Equilibrio
Musicalmente, Ray of light mantiene el acostumbrado equilibrio entre su sentido del pop comercial y su gusto personal por los experimentos destinados a las pistas de baile. William Orbit es ahora su nueva mano derecha, un productor avanzado pero comprensivo. Mucho más adecuado que The Prodigy, cuyos servicios requirió siendo rechazada públicamente por el cabecilla del grupo británico a pesar de que Maverick edita en Estados Unidos sus discos. Como buena fajadora, Madonna encajó el desplante y ha apoyado a los ingleses en polémicas -que a ella le tienen que sonar muy viejas- respecto a sus letras y sus videoclips.Tampoco hubiera dado buenos frutos: The Prodigy es, a pesar de la tecnología digital, un grupo de rock y Madonna carece de facultades o feeling para el rock.
De hecho, ella es una figura emblemática del cambio de paradigmas en la música popular del desplazamiento de las ventas masivas desde el rock de pelo en pecho -digamos, tipo Bruce Springsteen- hacia el dancepop, de sensibilidad más femenina y vocación bailable. Su capacidad para reinventarse, en lo exterior y en los discos, sugiere que va a acompañarnos hasta bien entrado el próximo milenio. Además, posee la habilidad del pájaro mítico para alzarse de entre sus cenizas: va camino de convertirse en una actriz tolerable tras demasiados desastres, ha logrado que olvidemos torpes deslices como su libro Sex, y ha recordado finalmente que su música debe contener -aparte de una sólida línea de bajo- el latido de un corazón.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 3 de marzo de 1998