Rivas vive momentos de tensión. La relación entre los 157 gitanos rumanos que malviven en torno al antiguo matadero de pollos de la localidad y el millar de vecinos del pueblo (el resto, hasta sumar un total de 22.642, habita en una zona periférica repleta de urbanizaciones) se ha quebrado. La gota que ha colmado el vaso ha sido la trifulca del pasado jueves por la noche, en la que inmigrantes rumanos y agentes de las fuerzas de seguridad locales se enzarzaron en un enfrentamiento que acabó con tres heridos: un policía, un rumano y un empleado de la gasolinera donde se desarrolló una parte de los incidentes. El alcalde no quiere que la situación se le vaya de las manos y ha anunciado que, en un plazo máximo de dos meses, el asentamiento será historia. Los rumanos aseguran que están siendo víctimas del racismo de los vecinos y que sufren un "acoso" policial inhumano.
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El asentamiento de tres familias rumanas en el kilómetro 19 de la autopista de Valencia en 1995 no fue bien visto por los vecinos de Rivas. Poco a poco, el poblado fue creciendo hasta alcanzar unos quinientos ocupantes. Los roces entre unos y otros fueron en aumento a medida que crecía el asentamiento. Los vecinos comenzaron a acusar a los rumanos de pequeños robos, y éstos, ante el incremento de efectivos policiales en la zona, acusaron al municipio de someterles a un auténtico "bloqueo": "No nos dejan ni coger agua de la fuente del pueblo, porque los agentes nos piden los papeles del coche y de residencia para detenernos. Cuando esto pasa, tenemos que dejar los bidones y huir", explicó Vasile Chiciu, rumano de 27 años y uno de los primeros pobladores del asentamiento.
Los habitantes de Rivas aseguran que los gitanos roban en las tiendas y que se dedican al tráfico de drogas. "Se meten a comprar pan y se llevan lo que pueden en un descuido del tendero. Además, hay mucha droga ahí dentro", aseguró ayer una vecina que prefirió no dar su nombre.
Pequeños hurtos
Los pobladores del asentamiento niegan ser narcotraficantes, pero sí reconocen pequeños hurtos. "Nosotros no robamos, ni vendemos droga, ni armas. No traficamos con coches robados. Vivimos de la mendicidad y de vender periódicos. Bueno, de vez en cuando robamos alguna oveja o alguna vaca, pero lo hacemos por necesidad", señaló Chiciu.La trifulca del pasado jueves se desencadenó porque, según la concejal de Seguridad, Marisa Pérez, de IU, "Ios rumanos lanzaron piedras sin motivo contra los vehículos que circulaban por la autovía de Valencia [que discurre pegada al poblado]". Los inmigrantes rechazan esta versión. Chiciu explicó: "Todo empezó cuando yo entraba con mi coche al poblado. Venía acompañado de tres mujeres y veníamos de hacer la compra en un hipermercado de Arganda. Al coger el camino, la Guardia Civil nos paró. Me dijeron que subiera en su coche. Les dije que no, que no me iban a arrestar sin motivo. Hubo un forcejeo y logré escapar. Luego subieron los del poblado y empezaron a tirar piedras contra la policía. No quería que me pasara como a otros compatriotas, que son detenidos tres días en comisaría y luego los repatrían".
El alcalde de Rivas, Fausto Fernández, de IU, quiere zanjar la situación de forma fulminante: "El poblado quedará desmantelado en un par de meses como tarde. En cualquier caso, siempre antes del verano", señaló ayer.
De los 157 rumanos que mal viven en el poblado, levantado sobre los muros del antiguo matadero, sólo unos 25 serán realojados. El resto tendrá que marcharse. "La población gitana es nómada. Sólo unos pocos viven de forma sedentaria en este poblado", justificó Fernández. "No vamos a permitir que aquí se construya una sola chabola más", advirtió el alcalde, que teme la llegada del verano, "porque es cuando llega más inmigración. El verano pasado. vinieron 350 rumanos".
La Delegación del Gobierno mantiene, de momento, una estrecha vigilancia sobre el poblado para evitar que se levanten más chamizos. También mantiene contactos con la Embajada de Rumania para repatriar a los inmigrantes en situación ilegal.
Los rumanos no son los únicos extranjeros que viven en Rivas. "Aquí vive medio centenar de inmigrantes de varias nacionalidades, y con ellos no hay ningún problema. Hay desde magrebíes a polacos, y todos buscan trabajo como jardineros, albañiles o en la hostelería", concluyó el regidor.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 3 de marzo de 1998