El partido estaba decidido -ganaba España 4-0-, la selección empezaba a relajarse y entonces se marchó la luz (m. 53). Ante la algarabía del público, que había empezado a aburrirse. El apagón duró apenas cinco minutos, los suficientes para que un jugador reserva de San Marino se le acercara a Hierro y le pidiera que le reservara su camiseta para el final del partido. Menos gracia hizo el segundo apagón (m. 68), pues aunque sólo duró medio segundo, la buena imagen del estadio comenzaba a quedar en entredicho.En otro terreno, en el futbolístico, aunque España encarriló el partido con celeridad, había algo que no le gustaba a Camacho. A España le sobraron los extremos, en los que apenas creó peligro, y, sin embargo, se plantó con cierta facilidad ante el meta rival, el ya famoso Gasperoni, por el centro de su ataque. De hecho, los nueve tantos llegaron sorprendentemente por el centro, donde acudieron con asiduidad los interiores (Luis Enrique y Etxeberria) para batir a Gasperoni. Hierro se presentó en el punto de penalti para marcar el gol que el árbitro, no aplicando la ley de la ventaja, le había anulado a Morientes. Curiosamente el árbitro, el irlandés Gerard Perry, advirtió en el minuto 37 que se había olvidado las tarjetas en el vestuario y tuvo que ir tras ellas para amonestar a Marani ( lo que llevó a la afición de El Madrigal a tomarse a chufla al irlandés).
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* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de junio de 1999