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FÚTBOL: Fase previa de la Eurocopa 2000

España se da un paseo

El equipo de Camacho barrió a San Marino sin apretar el acelerador en ningún momento

Casi sin proponérselo, España le hizo nueve goles a San Marino, que dio pena. Como se esperaba, por otra parte. Su destino es recibir goleadas en cada campo, frente a rivales fuertes o débiles. Porque en cuestiones de debilidad, San Marino está en las últimas. España jugueteó un poco, anotó los goles sin prisa pero sin pausa y salió del partido como líder de su grupo. Objetivo cumplido.Con la temporada en las últimas, y ante la perspectiva del trámite frente a San Marino, la selección española cubrió sus objetivos sin excesos, si por tal se entiende una cierta indulgencia con el rival. A estas alturas pesan otras cuestiones en la cabeza de los jugadores, la mayoría de los cuales están sometidos a grandes exigencias en la Liga.

ESPAÑA 9 SAN MARINO 0

España: Cañizares; Michel Salgado (Munitis, m.60) Marcelino, Hierro, Aranzábal Etxeberria, Guardiola, Guerrero (Mendieta, m.74), Luis Enrique; Morientes y Raúl (Urzaiz, m.60).San Marino: Gasperoni; Gennari (Vanucci, m.90), Gobbi, Guerra, Della Balda, Marani; Manzaroli (Valentini, m.75), Zonzini, Della Valle, Bacciocchi; y Montgna (Ugolini, m.58). Goles: 1-0. M.8. Hierro, de penalti. 2-0. M.22. Luis Enrique. 3-0. M.24. Etxeberria. 4-0. m.45. Etxeberria. 5-0. m.56. Raúl. 6-0. m.67. Luis Enrique. 7-0. m.71. Luis Enrique. 8-0. M.85. Gennari en propia meta. 9-0. m.90. Mendieta. Árbitro: Gerard Perry (República de Irlanda). Enseñó tarjeta amarilla Marani y Gobbi. Lleno en el campo de El Madrigal: unos 18.000 espectadores.

Hay una fatiga real que se traslada al juego. Si el adversario no motiva, lo normal es un partido de este pelo: sencillo, pero sin provocar entusiasmos. España no necesitó de mayores esfuerzos para anotar una amplia cuenta de goles, menos en todo caso de los que suponen frente a San Marino, un equipo que hace turismo por Europa. Antes del comienzo del partido, detuvieron los ejercicios de calentamiento, se giraron hacia el lado español y observaron con gran interés los rondós de Guardiola, Hierro, Raúl y Guerrero. Por buen gusto que no quede.

Alrededor del partido, el ambiente tenía el tono festivo de los viejos domingos. Un público entregado al equipo en la primera visita de la selección española a Vila-real y mucho pasodoble en la megafonía. Parecía una tarde de feria. Los jugadores de los dos equipos y el público tenían noticias de antemano del encuentro.

Sólo se aceptaban apuestas sobre el número de goles. Lo demás no se discutía. Las condiciones parecían más dispuestas para lo anecdótico que para otra cosa. Los apagones del segundo tiempo confirmó esta idea de partido absolutamente veraniego, uno en el que faltó electricidad en el juego y en las torretas.El seleccionador español, José Antonio Camacho, quiso dar certificado de autencidad al duelo con el equipo de los domingos. La mayor novedad fue el regreso de Julen Guerrero, que actuó de forma muy contenida junta a Guardiola. Tan junto a Guardiola que se produjo una sensación de incomodidad en el medio centro del Barça.

A Guardiola le gusta, y con razón, dirigir en solitario las operaciones y disponer de una amplia baraja de elección en los pases. Habida cuenta las características y las querencias de Guerrero, es muy posible que su laboriosa participación en el medio campo se debiera a las instrucciones de Camacho. Lo que distingue a Guerrero es su sentido para alcanzar el área y sorprender a los defensas. No lo hizo en todo el partido, tan preocupado como estaba por cumplir con otras obligaciones. En cualquier caso, la mezcla éntre los dos centrocampistas no funcionó, con algunas consideraciones añadidas: Guardiola se adelantó en numerosas ocasiones hasta la media punta para sacar provecho de su facilidad en el pase. Y con excelente rendimiento en el segundo y tercer goles, convertidos por Luis Enrique y Etxeberria.

Hierro marcó pronto y eso se interpretó como una señal para todo el mundo. España comenzó a echar cuentas y San Marino tomó el papel de abnegado resistente. Sólo se permitió tres tiros contra Cañizares, dos de ellos a última hora, entre el alborozo de la gente.

En la selección española no hubo prisas. Sabían que la cuenta de goles la pondrían ellos y que lo harían a su antojo. Sin apenas intensidad, consiguieron nueve tanto sin despeinarse. No era una noche para la épica. Se trataba de cubrir el expediente, firmar una honorable tarjeta de goles y olvidarse del partido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de junio de 1999