La tormenta política desatada esta semana tras la decisión de la Administración del PP de financiar con dinero público una veintena de centros privados de élite y del Opus Dei alcanzó ayer su clímax cuando el consejero de Educación, Manuel Tarancón, en un gesto insólito, dió el banderazo de salida desde uno de los centros concertados que se ha beneficiado de las polémicas subvenciones. Lejos del discurso conciliador, Tarancón desafió las críticas, defendió "una política sin complejos" e, incluso, admitió que su propio entorno político le había "desaconsejado" dar este paso.
Tarancón hizo un inciso, durante la segunda lectura de su discurso de apertura oficial del curso en el colegio concertado María Icíar de Riba-roja [la primera había sido en el colegio público José de Alba de Vilavella], para fijar su posición respecto a la tormenta política que se ha desatado con la autorización de los últimos conciertos a colegios privados de élite, religiosos y del Opus Dei, y justificar, así, su presencia en uno de los escenarios de la polémica. Arropado por el alcalde de Riba-roja, el popular Francisco Tarazona, la ex diputada del PP y recién nombrada secretaria general de Educación, Ascensión Figueres, y un público afable como el también ex diputado del PP y actual miembro del Consell Valencià de Cultura, Joaquín Calormarde, que acudió en calidad de padre de alumno, Tarancón rebajó las críticas recibidas por abrir el curso desde uno de los escenarios de la polémica de conciertos y se alineó con la Constitución. "Ha habido gente que me ha desaconsejado que vieniera a este centro concertado a inaugurar el curso", reconoció al explicar que su gesto se enmarca en la defensa de "una política sin complejos". Una política que describió apegada a los márgenes constitucionales, y que definió como "un sistema educativo que está integrado por la enseñanza pública, la concertada y la privada". Reacción en cadena La presencia de Tarancón en el María Icía, provocó, pese a sus explicaciones, una reacción en cadena desde las filas de la oposición, los sindicatos y los representantes de padres de alumnos. El portavoz de Educación de Esquerra Unida en las Cortes Valencianas, Ramón Cardona, lo calificó de "acto de provocación absolutamente inédito" y de "menosprecio intolerable hacia la escuela pública". Cardona recordó que el gesto se ha llevado a cabo "después de la fuerte polémica y el fuerte malestar que ha creado la decisión de su departamento de subvencionar centros privados de carácter elitista y segregador, algunos de ellos vinculados al Opus Dei". Las críticas arreciaron también desde todos los sindicatos y por parte de la federación de padres de alumnos de Valencia (FAPA). El presidente de la FAPA, Toni Garcés, que se ha mostrado como uno de los principales aliados de Tarancón, ayer se rebeló contra los polémicos conciertos. "Mientras haya centros sin construir y la gratuidad de los libros de texto y del transporte escolar y comedores no sea una realidad, es un insulto que la consejería haga conciertos económicos con los colegios de élite". El sindicato mayoritario de la enseñanza no universitaria STEPV aseguró que, además de una "provocación", el gesto de Tarancón "evidencia, más aún, la política de potenciación de la enseñanza privada del actual Gobierno valenciano". En sintonía con esta tesis, el responsable de la federación de Enseñanza de CCOO, Manuel Picó, fue más allá y sugirió intereses políticos y pago de favores tras obtener mayoría absoluta el PP en las elecciones del 13 de junio. "Ya sabrá por qué privilegia a la enseñanza privada y sobre todo a un tipo determinado de enseñanza privada". Para Gonzalo Castillo, secretario general de FETE-UGT, se trata de un "grave error político" en un consejero que es responsable del sistema educativo público valenciano.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 9 de septiembre de 1999